domingo, 15 de noviembre de 2009

GUENON Y LA MASONERIA



RENE GUENON Y LA MASONERIA
FRANCISCO ARIZA
Uno de los temas de investigación sin duda apasionantes entre los muchos que ofrece la obra de René Guénon es, precisamente, el que nos toca desarrollar en estas páginas: la influencia de dicha obra en la Masonería, sabiendo de antemano que no podemos abordar, por razones obvias, todo lo que Guénon dijo al respecto, que fue mucho y muy importante. Esto nos obliga a ser necesariamente sintéticos en nuestra exposición, y a señalar tan sólo una serie de puntos que nos parece pudieran ofrecer una visión global de lo que el mensaje guenoniano representa para la Masonería, una de las pocas vías iniciáticas que todavía pervive en Occidente.
Y cuando hablamos de esa influencia lo hacemos sabiendo que la obra legada por Guénon, en su conjunto, constituye no la exposición de una forma tradicional cualquiera, sino que se trata de la adaptación a nuestra época de la doctrina metafísica y la cosmogonía perenne, cuya depositaria no es otra que la Tradición primordial, también llamada Tradición unánime y universal, pues su origen es no-humano, o mejor aún supra-humano, por ser la expresión misma de la Verdad y la Sabiduría eternas.1 Para Guénon, todas las formas tradicionales (incluidas las que tienen dentro de sí un componente religioso o exotérico) derivan de esa Tradición primigenia, y de ella extraen su legitimidad en tanto que tales formas. Esto incluye, naturalmente, a la tradición masónica, según confirman las distintas leyendas en donde se relatan sus orígenes míticos, así como sus códigos simbólicos y sus ritos iniciáticos, los cuales constituyen sus señas de identidad y su razón misma de ser. Quizás fue la pervivencia de esos códigos la razón principal del interés mostrado siempre por Guénon hacia la Masonería, interés que, además, estaba plenamente justificado por el hecho de que ésta, lejos de encontrarse en pleno vigor, se hallaba sumergida en una profunda decadencia que la conducía de manera inexorable al borde de su desaparición como tal organización iniciática, y por tanto de ser completamente absorbida por el mundo profano.
En efecto, a principios de siglo, cuando Guénon comienza a escribir sus primeros artículos en la revista "La Gnose" (precisamente en la época en que recibe la iniciación islámica, la taoísta y la masónica), la Masonería estaba sufriendo la misma suerte que antaño corrieron otras organizaciones iniciáticas y tradicionales de Occidente, como fue el caso de la Orden del Temple y la Orden Rosa-Cruz, a las que más adelante nos referiremos. La incomprensión de que eran objeto los símbolos y los ritos por la mayoría de sus miembros era la causa principal de esa decadencia, que para Guénon ya comienza cuando a principios del siglo XVIII la Masonería pierde gran parte de su antiguo carácter operativo (heredado de los constructores y cofradías artesanales de la Edad Media) al hacerse predominante en ella lo "especulativo", que lejos de constituir, como señala el propio Guénon, "un progreso, implica, no una desviación propiamente dicha, sino una degeneración en el sentido de un aminoramiento, que consiste en la negligencia y el olvido de todo lo que es realización, porque es esto lo verdaderamente 'operativo'".2
Ese olvido sería entonces el verdadero origen de lo "especulativo" dentro de la Masonería (o de la preponderancia de éste en detrimento de lo operativo, pues ambos no tienen por qué excluirse, como no se excluyeron en la antigua Masonería, en donde lo especulativo se correspondía con la iniciación virtual y lo operativo con la realización efectiva), lo cual no quiere decir que ésta haya tomado definitivamente una forma "especulativa", pues esto significaría afirmar que sus símbolos son sólo "teoría", y no contuvieran, como de hecho contienen, los elementos necesarios para la realización espiritual. Como antes hemos dicho, lo "especulativo" es sólo un punto de vista, por otro lado insuficiente, por su carácter mental y reflejo, para efectuar el paso de la "potencia al acto", de lo virtual a lo efectivo, o como se dice en lenguaje masónico, para ir de las "tinieblas a la luz". Esto ha de quedar bien claro si se quiere comprender lo que para Guénon significaba realmente la Masonería, pues más allá del estado de degeneración en que, por las circunstancias que fuesen, se encuentra una organización iniciática, esto "no cambia nada de su naturaleza esencial, y asimismo la continuidad de la transmisión es suficiente para que, si circunstancias más favorables se presentaran, una restauración sea siempre posible, debiendo ser necesariamente concebida esta restauración como un retorno al estado 'operativo' ".3 Por ello él insistió, casi cada vez que abordaba el tema masónico, en señalar las diferencias existentes entre lo "operativo" y lo "especulativo", pues es ésta una cuestión de capital importancia que debe ser entendida claramente si se desea comprender la verdadera naturaleza de la iniciación masónica, o mejor aún, de la iniciación considerada en ella misma, al margen de la forma tradicional a través de la cual se exprese. Para Guénon lo "operativo" no es sinónimo de trabajo manual, ni tampoco de "práctica", sino más bien de trabajo interior, en el sentido alquímico del término, es decir de lo que el ser pueda hacer consigo mismo en vistas al cumplimiento de su propia realización espiritual, que es lo que realmente importa, no siendo el trabajo manual sino un soporte como otro cualquiera para efectuar dicha realización. No es entonces por casualidad que tanto la Masonería, como la tradición Hermética, también se denomine el "Arte Real", idéntico a la "Gran Obra" de la transmutación alquímica. Las "herramientas" de ese trabajo interior no son otras que los ritos y los códigos simbólicos, su práctica, estudio y meditación, pues ellos vehiculan las ideas de orden cosmogónico y metafísico cuyo conocimiento efectivo determinará el grado del desarrollo del ser y la vinculación con su Principio uno y eterno.
Sin embargo, si los símbolos y los ritos, o la energía espiritual que vehiculan y de la que son el soporte, no son "vivificados" por el Espíritu, esto es, si no actualizan y promueven la búsqueda del Conocimiento, que es en definitiva de lo que se trata, la iniciación masónica será tan sólo "virtual", y entonces sí que podrá llamarse "especulativa", pero no en ella misma, sino con respecto a quien así la considere. Es bastante probable que para la mayoría de masones de hoy en día su Orden no sea sino eso: "especulativa", o teórica, sin relación alguna, o en cualquier caso reducida al mínimo, con cualquier tipo de realización interior, que incluye el desarrollo de las posibilidades de orden universal y trascendente inherentes a la naturaleza humana. Pero la obra guenoniana va dirigida sobre todo a aquellos masones que realmente se entregan a la búsqueda del Conocimiento, esperando encontrar en los símbolos y ritos masónicos las enseñanzas y los métodos necesarios para hacer efectiva su iniciación. Es decir, a los que se sienten a sí mismos herederos de su legado tradicional, y se muestran receptivos a su mensaje, considerando que está vivo y que es actuante (y no una reliquia del pasado trasnochada y anacrónica), y además sabiendo con certeza, y esto es esencial, que dicho legado forma parte de la "cadena áurea" o Philosophia Perennis directamente emanada de la Tradición primordial.
Por consiguiente, es partiendo de una toma de conciencia de la verdadera universalidad de los símbolos y los ritos masónicos, que se puede acometer cualquier labor encaminada a recuperar, en la medida de lo posible, los elementos doctrinales que se han perdido, o han sido alterados, con el paso de lo operativo a lo especulativo. Y es en este punto preciso donde la obra de Guénon adquiere su verdadera función con respecto a la Orden masónica, ofreciéndole a esos masones vinculados con el Espíritu de su tradición las "líneas maestras" a partir de las cuales realizar esa labor restauradora. Si la obra que nos ha legado ha sido considerada como "providencial" para la Orden masónica es por una razón fundamental: porque restituye el sentido original de sus símbolos y sus ritos, que constituyen la doctrina y el método masónico respectivamente, integrándolos dentro de la Cosmogonía Perenne, afín a todas las formas tradicionales. De ahí también que cualquier tentativa que se haga para recuperar la "operatividad" de la simbólica masónica haya de pasar necesariamente por un conocimiento previo de aquella obra, en la que se encontrará todo lo imprescindible para que dicha tentativa dé sus frutos y se haga realidad, lo cual incluye, naturalmente, el conocimiento de otras tradiciones distintas a la Masonería, pero idénticas a ella en lo esencial. Esto es perfectamente normal e incluso necesario, pues admitiendo la universalidad y sacralidad de los códigos simbólicos de todas las tradiciones, aún vivas o ya desaparecidas, el conocimiento de dichos códigos es desde luego de una ayuda inestimable para comprender la propia simbólica masónica. La misma obra de Guénon es un ejemplo, e incluso un modelo, de lo que decimos, pues en ella constantemente se hace referencia a las relaciones, reciprocidad y correspondencia entre las diversas doctrinas tradicionales, en su identidad a través de sus símbolos, ritos y mitos, haciéndonos ver que todas esas doctrinas derivan, gracias precisamente a esa identidad, de una sola y única Doctrina o Tradición. Esa obra no es la de una individualidad (en todo caso ésta fue tan solo el soporte), sino la de una función tradicional, que Guénon "encarnó" por razones que nunca sabremos (ni tampoco importan demasiado), pues como se dice en las Escrituras "el Espíritu sopla donde quiere", cómo y a quién quiere. Y también que "los caminos del Señor son inescrutables". En lo que concierne a la doctrina puramente metafísica y a los símbolos fundamentales de la cosmogonía, Guénon fue un fiel intérprete de la Tradición, el más importante de nuestro siglo, y sus limitaciones en este caso eran las que le imponían el propio lenguaje humano, que como tantas veces él mismo dijo, se muestra incapaz, por su forma analítica y discursiva, de expresar en toda su amplitud las verdades universales, que son de orden supra-humano, y que por tanto sólo pueden ser aprehendidas mediante la "intuición intelectual", a cuyo despertar contribuye principalmente el símbolo y lo que él revela. Guénon no se cansó de repetir que el mensaje tradicional no es sistemático, es decir que no se presta a ningún tipo de clasificación racional y mental, pues el objeto mismo de ese mensaje es el mundo de las ideas y de los arquetipos, es decir de las posibilidades de concepción verdaderamente ilimitadas, que naturalmente están por encima de cualquier sistema o forma, que siempre tiende a la limitación más o menos estrecha.
Por tal motivo, Guénon consideraba muy importante la creación de logias centradas en la investigación de los símbolos y los rituales, para lo cual es imprescindible que los integrantes de esas logias posean conocimientos doctrinales lo suficientemente amplios y profundos para que dicha labor de los frutos apetecidos, y permita que lo que estaba "disperso" sea de nuevo "re-unido", lo que sería conforme a uno de los principios básicos de la Masonería, que consiste en "difundir la luz y reunir lo disperso". Podemos decir que la obra de Guénon, en la medida en que ella es la expresión de los principios e ideas universales, puede verse como esa "luz" clarificadora que la Masonería necesita como guía para remontar la curva descendente en que se encuentra en la actualidad. Y aquí queremos recordar aquella expresión hermética que afirma que "cuando todo parece perdido es cuando todo será salvado". Y aunque esta expresión se refiera a un determinado momento del proceso mismo de la iniciación, también se puede extrapolar al conjunto entero de una tradición, en este caso de una organización que precisamente es iniciática, que aunque en lo esencial ella siga siendo tan virginal como en sus orígenes (lo que hace posible que, a pesar de todo, continúe transmitiendo la influencia espiritual a quien esté capacitado para recibirla), sin embargo, en tanto que institución, está inevitablemente sumida al devenir del tiempo y su decadencia cíclica. En cierto modo, lo propio del hombre, peregrino en un país extranjero, es "errar" por la "rueda del mundo", mientras que la Tradición (lo que ella revela) se mantiene inalterable en el centro de esa misma rueda, a la que da vida y sentido.
Así pues, el papel que pudieran desempeñar esas logias sería fundamental para devolver a los símbolos y ritos masónicos su "operatividad", sabiendo de antemano que esto será así para un número muy reducido de masones, suficientes, por otro lado, para que la Masonería recobre nuevamente su "fuerza y vigor", por emplear una expresión masónica habitual. Este es uno de los casos en que la calidad (o cualidad) importa infinitamente más que la cantidad. Mas, para que dicha operatividad sea efectiva, esos estudios, lejos de limitarse al plano puramente teórico (esto es, "especulativo"), han de ser considerados por quienes los realizan como un soporte y formando parte integrante de su propio trabajo interno, condición ésta que es indispensable para que los resultados que se pretenden alcanzar estén apoyados en una base lo suficientemente sólida y fuerte, nacida del íntimo convencimiento de que la "intención" que los mueve está en conformidad con la herencia recibida de la Tradición.
Es evidente que dicha "intención", o voluntad, ha de tomarse aquí en su sentido etimológico preciso, esto es, como un "tender hacia" (de in tendere), o "tendencia" hacia la que se dirige u "orienta" todo el ser, lo cual equivale a seguir un orden en la dirección ascendente que señala el "Eje del Mundo", comunicando a ese ser con su Principio, que en la Masonería recibe el nombre de Gran Arquitecto del Universo. De hecho la palabra iniciación, del latín in ire, no quiere decir sino 'entrada' o 'comienzo', y está ligada a la idea de emprender un camino: el camino del Conocimiento. En El Rey del Mundo, Guénon aclara la representación simbólica de esa intención u orientación ritual: "ésta, en efecto, es propiamente la dirección hacia un centro espiritual, que, cualquiera que sea, es siempre una imagen del verdadero Centro del Mundo". Podrían aplicarse aquí estas palabras del Evangelio, que, además, forman parte de ciertos rituales masónicos: "Buscad y encontraréis; pedid y recibiréis; llamad y se os abrirá". Ha de existir entonces un verdadero "compromiso" adquirido con el Espíritu de la Orden masónica para que lo "virtual" pase a ser efectivo y se convierta en una realidad permanente; que lo potencial, en fin, se actualice, y permita que el hombre se encuentre y se conozca a sí mismo en el cumplimiento de su verdadero destino. Dicho compromiso lo constituye el "lazo" iniciático, mediante el cual el ser, ligándose con la Tradición, asume, o va asumiendo gradualmente (de aquí la idea de grados), que ella y él son una sola cosa, es decir que el mensaje por la Tradición vehiculado se identifica con el que lo recibe, y viceversa. Sólo entonces la Masonería, su mensaje o transmisión,4 podrá ir revelando su contenido y promover la efectiva realización interior, justificando así el sentido de su propia existencia como organización iniciática.
Esta idea aparece con frecuencia en Guénon, sobre todo en sus dos libros que tratan específicamente sobre la iniciación: Aperçus sur l'Initiation e Initiation et Réalisation Spirituelle. Estos volúmenes tienen un valor inapreciable para conocer la verdadera naturaleza de la iniciación, pues en ellos se exponen los principios fundamentales que estructuran su proceso, y para los masones en particular constituyen sin duda una guía doctrinal que les permite recuperar una enseñanza que formaba parte integrante de la antigua Masonería operativa. Las ideas que allí se desarrollan son, por tanto, un complemento perfecto a los estudios de los símbolos y un medio efectivo para comprender en profundidad el sentido de los ritos y sus prácticas, vehículos y soportes, volvemos a repetir, de la influencia espiritual.5
Para Guénon, el lazo iniciático no es otra cosa que la recepción de esa influencia, que siendo de orden estrictamente espiritual y metafísico es siempre idéntica a sí misma, inmutable y eterna, cualesquiera sean los vehículos simbólicos y las formas tradicionales a través de los cuales se manifieste. Dicho lazo se refiere, empleando un término hindú, al sûtrâtmâ, o "hilo de Âtmâ", el hálito del Espíritu que liga entre sí a los múltiples estados del ser, y a todos ellos con su Principio, que es su identidad más profunda y real. En este sentido, debemos recordar que algunos de los antiguos manuales masónicos comenzaban con la siguiente serie de preguntas y respuestas: "¿Qué lazo nos une?".- "Un secreto".- "¿Cuál es este secreto?".- "La Masonería". Esto quiere decir, entre otras cosas, que la Masonería es ella misma un "secreto", o un "misterio", conservado en su núcleo más íntimo por encima de la forma específica que necesariamente adquiere una organización tradicional, y que dicho secreto es inviolable por su propia naturaleza espiritual, no teniendo nada que ver con el "secretismo" propiciado por las sectas ocultistas, pseudo-iniciáticas y similares. Secreto o misterio que únicamente puede ser conocido por quienes se entregan a él, pues como se dice en el Zohar, "la Sabiduría sólo se revela a quien la ama".
* * *Abundando en lo dicho, Guénon señala6 la similitud que existe entre las palabras "secreto" (secretum) y "sagrado" (sacratum), añadiendo que "se trata, tanto en uno como en otro caso, de aquello que está puesto aparte (secernere), reservado, separado del dominio profano". Y prosigue: "igualmente el lugar consagrado es llamado templum, cuya raíz tem (que se reencuentra en el griego temnô, cortar, separar, de donde temenos, recinto sagrado) expresa también la misma idea; y la 'contemplación' se vincula aún a esta idea por su carácter estrictamente 'interior' ". Estas palabras nos llevan a considerar el papel fundamental que en la tradición masónica desempeña la Logia, el Templo o "recinto sagrado" que según la fórmula ritual ha de estar "a cubierto", esto es "separado" y "puesto aparte" de la realidad relativa, y por tanto ilusoria, del mundo profano, significando esta palabra, profano, lo que literalmente está "fuera del templo" (profanum). Pero además, la Logia, el Templo masónico, representa una verdadera síntesis del orden universal (de la Cosmogonía), y por consiguiente un modelo simbólico sumamente importante cuya estructura el masón ha de conocer perfectamente, formando así parte integrante de la propia enseñanza iniciática.
La Logia es consubstancial a la Orden masónica, pues no se debe olvidar que los orígenes de la misma se remontan a la construcción del Templo de Jerusalén, o de Salomón, al que la propia Logia reproduce en su esquema esencial. Además, es en la Logia, dentro del "recinto sagrado", donde se cumplen todos los trabajos rituales, y este es el motivo de que la Logia también sea considerada como un "Taller", recuerdo sin duda alguna de los tiempos operativos, pero que continúa siendo un término todavía válido para quienes la iniciación y su proceso es el exacto equivalente del "Arte Real" o "Gran Obra". En efecto, Guénon afirmó en varias ocasiones que lo más importante en Masonería es la ejecución del ritual, que es el verdadero trabajo masónico, en primer lugar porque el rito no es sino el propio símbolo en acción, y por tanto no está separado de la idea que conforma al símbolo: es esa misma idea manifestándose, y es por eso que es el vehículo de transmisión de la influencia espiritual o supra-individual. Y en segundo lugar, y como consecuencia de ello, porque esa acción está realizada siempre conforme al orden, es decir conforme a las propias leyes del cosmos, pues esta palabra, cosmos, en griego significa precisamente "orden", que es por cierto la traducción exacta del sánscrito rita, idéntica evidentemente a la palabra rito.7 Cosmos, orden y rito (es decir el símbolo en acción) son entonces tres términos equivalentes, de ahí la necesidad de que el gesto ritual sea ejecutado lo más perfectamente posible, porque de esta manera se entra en correspondencia directa con la Armonía universal.8
La Masonería misma se identifica y es una con esa Armonía, y para sus miembros ella es "la Orden", entendida claro está, como sinónimo del propio Orden cósmico, como si, efectivamente, no fuera sino una emanación directa de él. Naturalmente esto no es privativo sólo de la Masonería, pues lo mismo podría decirse de todas las organizaciones iniciáticas y tradicionales. Pero en la Masonería, por el hecho de derivar de una tradición de constructores, que entendían el cosmos como una arquitectura, y la arquitectura como una imitación del modelo cósmico, esa relación con el orden universal se hace más evidente y está en su propia razón de ser. Además, la denominación de Gran Arquitecto dado al principio espiritual bajo la inspiración del cual se realizan todos los trabajos y ritos masónicos, es motivo más que suficiente para que no quepa la menor duda al respecto. Y es ese Principio, que Guénon identifica con el Viswakarma hindú, o el "Espíritu de la Construcción Universal",9 el que es trasmitido, o al menos su germen o semilla virtual, en el rito de la iniciación masónica, y el que está "presente" siempre en la ejecución del rito cuando éste, como se ha dicho antes, es una "acción hecha conforme al orden". Ese espíritu se concibe como una "luz", y el desarrollo del germen espiritual implantado por la influencia iniciática, se verá como una "iluminación" progresiva de la conciencia humana,10 iluminación que es análoga "a la vibración original del Fíat Lux que determina el comienzo del proceso cosmogónico por medio del cual el 'caos' de las posibilidades será ordenado para devenir el 'cosmos' ". La "iluminación" iniciática, que es un "segundo nacimiento", opera entonces el mismo efecto en el ser que la acción de la Palabra o Verbo divino al proyectar el Fíat Lux en el caos o matriz primigenia, de donde nace igualmente el mundo. Dicho caos, Guénon en cierto modo lo asimila a las "tinieblas exteriores" del estado profano, de donde procede el recipiendario antes de su entrada en el Templo, entrada que será para él, en efecto, un pasaje "de las tinieblas a la luz". Existe, por tanto, todo un conjunto de correspondencias y analogías entre el proceso cosmogónico y el proceso iniciático, "y así la iniciación es verdaderamente, según un carácter por otro lado muy general de los ritos tradicionales, una imagen de 'lo que ha sido hecho en el comienzo' ".11
Según ese "carácter general", además del rito propiamente iniciático, la "imagen de lo que ha sido hecho en el comienzo" la Masonería la repite en el ritual de apertura de la Logia, apertura que es sin duda alguna un acto cosmogónico, y por consiguiente una fuente de enseñanza simbólica inestimable para entender el sentido de la propia iniciación.12 En efecto, hasta el momento de su apertura la Logia permanece en "tinieblas", o en un "caos" potencial que será progresivamente "iluminado" y "ordenado" por la acción del rito, acción que determinará la creación de un espacio y un tiempo sagrados, pues la energía del símbolo habrá sido plenamente actualizada, pasando a ser la Logia entonces "un lugar muy iluminado y muy regular", expresión masónica que se ha seguido conservando, y de la que Guénon dice que representa "un recuerdo de la antigua ciencia sacerdotal que regía la construcción de los templos".13 Dicha ciencia es la Geometría, a la que los operativos identificaban con la Masonería misma, pues el arte de la construcción, esto es la arquitectura, constituye el desarrollo de las ideas contenidas en las formas geométricas, entendidas éstas en su aspecto puramente cualitativo, que es el que siempre ha tenido en la Masonería y en todas las tradiciones. No es entonces por casualidad que en ésta el Gran Arquitecto reciba también el nombre de "Gran Geómetra del Universo".
En efecto, la geometría es la ciencia masónica por excelencia,14 estrechamente relacionada con la ciencia de los números, pues la geometría es realmente el cuerpo del número, pero el número considerado no como cifra, que sólo sirve para el cómputo cuantitativo, sino como ideas de orden metafísico que al manifestarse organizan la Inteligencia o estructura invisible del cosmos, generando su dinámica interna o Alma universal, y con ella el Rito cósmico y la posibilidad de la vida bajo todas las formas en que ésta se expresa. Hablar de número es hablar, como pensaban los pitagóricos, de una energía o fuerza en acción, de un poder divino que al plasmarse en la substancia receptiva del mundo y del hombre la actualiza y la hace inteligible, esto es, la ordena al conjugar y armonizar sus partes dispersas. Y ya que hablamos de los pitagóricos (cuya herencia afirma Guénon pasó a la Masonería medieval a través de los Collegia Fabrorum romanos), debemos decir que para ellos el Dios geómetra era el propio Apolo hiperbóreo, Dios de la Luz primigenia del que Platón dice que "geometriza siempre", pues con sus rayos luminosos "mide" la totalidad de la manifestación universal, extrayendo el cosmos del caos.
En este sentido, Guénon nos dice en el tercer capítulo de El reino de la cantidad y los signos de los tiempos, titulado "Medida y manifestación", que esos rayos equivalen a las middoth de la Cábala (que significan precisamente "medidas" en hebreo), asimiladas a los atributos y nombres divinos, "afirmándose que Dios creó los mundos gracias a ellas, lo que por otra parte se relaciona precisamente con el simbolismo del punto central y de las direcciones del espacio. También podríamos recordar a este respecto la frase bíblica en la que se afirma que Dios ha 'dispuesto de todas las cosas en número, peso y medida' ".15 Según esto la manifestación corpórea, o el mundo físico, debe tomarse como un símbolo de toda la manifestación universal, pues de otra manera ésta (la manifestación universal) dejaría de ser representable, es decir que no se podría simbolizar de ninguna manera, lo cual evidentemente es imposible, pues la ley de analogía y de correspondencia (ley que constituye la clave del símbolo) actúa en todos los niveles y planos de la manifestación, relacionándolos unos con otros, generando así el discurso de la existencia. El propio pensamiento humano es analógico, y es precisamente esa cualidad la que le permite acceder y comprender, a su nivel correspondiente, las realidades superiores.
Es entonces por eso que el espacio físico se toma como un símbolo del propio orden cósmico, y ese espacio es realizado y medido en toda su extensión por las seis direcciones, equivalentes simbólicamente a las middoth o atributos divinos y a los "rayos luminosos" del Apolo hiperbóreo, todos ellos partiendo de un centro, que en el caso de la representación geométrica es un punto, y en el mundo espiritual es el "Corazón o Centro del Mundo", es decir Dios mismo o la Unidad primordial. La Logia, que es, volvemos a repetir, una imagen del cosmos, no se "actualiza" hasta el momento en que se "encienden las luces", las cuales, efectivamente, la hacen pasar de las "tinieblas a la luz". Todo esto es importantísimo en el simbolismo masónico, al que, como estamos intentando explicar aquí, Guénon ha restituido su auténtica dimensión iniciática y esotérica. El mismo nos dice en un capítulo de Los símbolos fundamentales de la ciencia sagrada, concretamente en "El simbolismo solsticial de Jano", que la estructura de la Logia está formada a partir de la cruz de tres dimensiones, dimensiones cuya "longitud es 'de Oriente a Occidente'; su anchura, 'de Mediodía a Septentrión'; su altura, 'de la Tierra al Cielo' (el Cenit); y su profundidad, 'de la superficie al centro de la Tierra' (el Nadir). Por otra parte, continúa Guénon, se dice que 'en la Logia de San Juan (así es como se denomina a la Logia masónica) se elevan templos a la virtud y se cavan mazmorras para el vicio';16 estas dos ideas de 'elevar' y 'excavar' se refieren a las dos dimensiones verticales, altura y profundidad, que se cuentan según las mitades de un mismo eje que va del 'cenit al nadir', tomadas en sentido mutuamente inverso; esas dos direcciones opuestas corresponden, respectivamente, a sattwa y a tamas (mientras que la expansión de las dos dimensiones horizontales corresponde a rajas), es decir a las dos tendencias del ser, hacia los Cielos (el templo) y hacia los Infiernos (la mazmorra)". Como se dice en los manuales de instrucción masónica (cuya lectura y meditación Guénon recomendaba practicar asiduamente como apoyo al trabajo interior), esas dimensiones prueban que la Masonería es universal, y por tanto también la Logia, que al ser "iluminada" por la luz que está en su interior (luz despertada y vehiculada por el rito), ha sido "abierta" a las influencias espirituales, quedando constituida según el modelo del cosmos. Esas direcciones, en efecto, determinan tres espacios simbólicos análogos a los tres planos cósmicos: el Inframundo, la Tierra y el Cielo, los que a su vez se relacionan con los tres grados iniciáticos de aprendiz, compañero y maestro, respectivamente. Por tanto, si como se afirma en los rituales, la Logia es "justa y perfecta", es, entre otras razones, porque ella refleja el equilibrio y la armonía universal, y porque la seis direcciones de la cruz tridimensional más su centro suman siete, al que todas las tradiciones consideran como el número cosmogónico por antonomasia; con él se acaba la creación y se resume en sí misma como nos indica el Génesis, y es al mismo tiempo el número de los planetas tradicionales, y el de las siete sefiroth de "construcción cósmica" del Arbol de la Vida cabalístico.
La cuestión del sentido cualitativo de las direcciones del espacio Guénon la aborda muchas veces a lo largo de su obra, pero muy especialmente en El simbolismo de la cruz, que es un libro de una importancia capital para quien le interese conocer la ciencia de la geometría desde el punto de vista tradicional y sagrado, y desde luego para los masones realmente interesados en el conocimiento de su Orden debe representar unos de los textos fundamentales de investigación simbólica, supliendo así, en gran medida, la carencia doctrinal en que vive sumida la Masonería desde hace ya varios siglos.17 Aquella frase que estaba en el frontispicio de entrada a la escuela platónica: "Que nadie entre aquí si no es geómetra", podría estar perfectamente en la entrada al templo masónico, pues como dice Guénon las enseñanzas que en esa escuela se impartían no podían "ser comprendidas verdadera y efectivamente más que por una 'imitación' de la actividad divina", lo que en lenguaje masónico equivale al cumplimiento de los planes "trazados" por el Gran Arquitecto o Gran Geómetra del Universo.
Sobre estos planes, y su cumplimiento efectivo en el ser, veamos qué nos dice Guénon en el cap. XXXI de Aperçus..., titulado "De la enseñanza iniciática": "En el fondo si todo proceso iniciático presenta en sus diferentes fases una correspondencia, ya sea con la vida humana individual, ya con el conjunto de la manifestación vital misma, particular o general, 'microcósmica' o 'macrocósmica', ésta se efectúa según un plan análogo al que el iniciado debe cumplir en sí mismo, para realizarse en la completa expansión de todas las potencias de su ser. Se trata siempre y en todo lugar de los planes correspondientes a una misma concepción sintética, de tal manera que ellos son principialmente idénticos, y, aunque son diferentes e indefinidamente variados en su realización, proceden de un 'arquetipo' único, plan universal trazado por la Voluntad suprema que es designada simbólicamente como el 'Gran Arquitecto del Universo'.
"Así pues, todo ser tiende, conscientemente o no, a realizar en sí mismo, por los medios apropiados a su naturaleza particular, aquello que las formas iniciáticas occidentales, apoyándose sobre el simbolismo 'constructivo', denominan el 'plan del Gran Arquitecto del Universo', y a concurrir por ello, según la función que le pertenece en el conjunto cósmico, a la realización total de ese mismo plan, el cual no es en suma sino la universalización de su propia realización personal. Es en este punto de su desarrollo, cuando un ser toma realmente conciencia de esta finalidad, que comienza para él la iniciación efectiva, que debe conducirle por grados, y según su vía personal, a esta realización integral, que se cumple, no en el desarrollo aislado de ciertas facultades especiales, sino en el desarrollo completo, armónico y jerárquico, de todas las posibilidades implicadas en la esencia de este ser".
* * *Estas sucintas indicaciones acerca del rito y de la Logia masónica queremos pensar que han servido por lo menos para formarnos una idea de por qué Guénon consideraba a la Masonería como una organización iniciática que continúa conservando los elementos simbólicos necesarios para transmitir una influencia espiritual, cuyo desarrollo en el interior del ser conduce al conocimiento de la cosmogonía y de él mismo como integrado dentro de ella, y a partir de ahí alcanzar el estado no-condicionado de la Unidad metafísica, que por ser tal está "más allá" (por decirlo de alguna manera) del dominio cósmico e individual.
Pero hasta ahora apenas hemos hablado de su estructura iniciática según las enseñanzas que a este respecto nos transmite la obra guenoniana. Para Guénon, lo repitió multitud de veces, la Masonería propiamente dicha es la de los tres primeros grados: aprendiz, compañero y maestro, que son los que están directamente relacionados con la iniciación de oficio. La efectiva realización de estos grados (de las enseñanzas que contienen) conducen al cumplimiento de los "pequeños misterios", que son los misterios de la cosmogonía y del hombre, y cuyo conocimiento es plenamente actualizado en el grado de maestro "puesto que la realización completa de éste implica la restauración del estado primordial", al que conducen precisamente los "pequeños misterios".18
En lo que respecta a los llamados "altos grados", Guénon distingue "de una parte, aquellos grados que tienen un lazo directo con la Masonería, y, de otra, aquellos grados que pueden ser considerados como representando vestigios o recuerdos, venidos a injertarse en la Masonería, o a 'cristalizarse' de alguna manera en torno a ella, de antiguas organizaciones iniciáticas distintas de la Masonería". Esas organizaciones iniciáticas a las que se refiere Guénon son especialmente la Orden del Temple y la Orden hermético-cristiana de la Rosa-Cruz, parte de cuya herencia simbólica ha "cristalizado" efectivamente en varios altos grados masónicos, sobre todo en los pertenecientes a la Masonería Escocesa. Con respecto a esos altos grados, Guénon señala que "habría mucho que decir sobre este papel 'conservador' de la Masonería, y sobre la posibilidad que este papel le da de suplir en una cierta medida la ausencia de iniciaciones de otro orden en el mundo occidental actual". Esto es muy importante, por diversas razones, entre ellas porque desautoriza completamente y niega cualquier valor real a esas organizaciones pseudo-iniciáticas que hoy en día se dicen templarias o rosacrucianas. Pero sobre todo porque esa función conservadora y receptiva la convierte en una especie de "arca" que ha concentrado en su seno la herencia tradicional de Occidente, lo cual ha sido posible, entre otras cosas, porque la Masonería no tiene una forma religiosa que pudiera derivar por degradación en un dogmatismo excluyente, sino que al ser una organización iniciática está por ello mismo abierta a cuantas doctrinas tradicionales de carácter igualmente iniciático han entrado o pudieran entrar en contacto con ella. En los tiempos que estamos viviendo, donde numerosos signos anuncian el final de un ciclo, ese papel conservador de la Orden masónica no deja de tener sin duda alguna su importancia y su trascendencia.19
Así pues, es en la Masonería actual, y en algunos de sus altos grados concretamente, donde se ha depositado lo que se pudo conservar de la Orden del Temple y de la Rosa-Cruz. Que éstas hayan desaparecido como formas iniciáticas, no quiere decir que su espíritu no haya permanecido de alguna manera latente y en estado germinal, y si es así, es en la Masonería donde se le podría hallar. En fin, es éste un tema desde luego muy interesante, pero que lógicamente no podemos desarrollar en estos momentos. Nos remitimos, eso sí, a varios estudios que Guénon escribió enteramente, o en parte, sobre el tema, a saber: "Los altos grados masónicos", "Palabra perdida y nombres substituidos" y "Heredom", todos ellos incluidos en el volumen II de Etudes sur la Franc-Maçonnerie et le Compagnonnage; en Initiation et Réalisation Spirituelle, ver el capítulo titulado "Realización descendente y ascendente"; en Aperçus sur L'Initiation, el que lleva por nombre "Sobre dos divisas iniciáticas"; en Símbolos Fundamentales..., "La salida de la caverna cósmica"; así como algunos capítulos de El esoterismo de Dante.
Entre los altos grados que como dice Guénon tienen un lazo directo con la Masonería de oficio él estuvo particularmente interesado en el de Royal Arch (o Arco Real), perteneciente al Rito inglés de Emulación.20 De este grado nos dice que "es como el nec plus ultra de la iniciación masónica... el único que debe ser tomado como estrictamente masónico propiamente hablando, y donde el origen operativo no ofrece ninguna duda: es, de cualquier forma, el complemento normal del grado de Maestro, con una perspectiva abierta sobre los 'grandes misterios'", es decir sobre lo supra-cósmico y lo metafísico. De aquí que, como menciona Guénon en La Gran Tríada (otra de sus obras en que se hacen numerosas referencias al simbolismo masónico, y también hermético-alquímico, en correspondencia con la cosmogonía extremo-oriental), en la Masonería anglosajona se haga una distinción entre lo que se denomina la "Square Masonry" (la Masonería de la Escuadra) y la "Arch Masonry" (la Masonería del Arco). La escuadra y el arco se relacionan evidentemente con las figuras geométricas del cuadrado y del círculo, y ambas son los símbolos respectivos de la Tierra y del Cielo, representados precisamente en la Masonería por la escuadra y el compás, sus dos emblemas tal vez más característicos.
La escuadra y el compás se refieren a los misterios de la cosmogonía, que son los misterios de la Tierra y del Cielo, y también del hombre como síntesis nacida de la unión entre ambos. Pero en el simbolismo masónico, la escuadra, que sirve para trazar figuras rectilíneas, y por tanto vinculadas a lo terrestre, está puesta en relación con los tres primeros grados (los que conforman la "Square Masonry"), mientras que el compás, que sirve a su vez para trazar las figuras circulares, y por consiguiente vinculadas a lo celeste, está más bien en relación con la Masonería del Arco, y en los grados de otros Ritos masónicos de alguna manera semejantes a ella. La escuadra está directamente ligada con la construcción y la obra de la cosmogonía, en la que también intervienen la perpendicular (o plomada) y el nivel. Esta es la razón de que el distintivo del Venerable de una Logia (llamado en los antiguos rituales el "Maestro de la Logia", porque él es el representante de dicho grado tanto en una Logia que trabaja en grado de aprendiz como de compañero) sea una escuadra, que es la unión precisamente de la perpendicular y el nivel, esto es de la vertical y la horizontal, cuya interacción generan permanentemente la vida universal. Sin embargo el compás está más bien vinculado con el "acabamiento" y "perfección" de dicha obra, perfección que desde luego ya está implícita en el grado de maestro, pero que adquiere su desarrollo completo en el grado complementario de Royal Arch. En este sentido, y como dice Guénon, "si el grado de Maestro fuera más explícito, y también si todos aquellos que son admitidos estuvieran verdaderamente cualificados, es en su interior mismo que estos desarrollos deberían encontrar su lugar, sin que sean necesarios otros grados nominalmente distintos de aquel". Que esos otros grados sean necesarios hoy en día para cumplimentar toda la enseñanza iniciática contenida en el grado de maestro, en nada disminuye el significado simbólico de lo que este grado en el fondo representa, que es, como antes hemos dicho, la restauración del estado primordial, o del "hombre verdadero" como se dice en el Taoísmo, el cual no es sino el reflejo del "hombre transcendente", esto es, del propio Gran Arquitecto del Universo. Tengamos en cuenta que la restauración de ese estado es al mismo tiempo la recuperación de la "Palabra perdida", que es el fin que persigue todo el trabajo masónico, y que esa recuperación no es otra cosa que restablecer la comunicación con el "Centro Supremo" o la Tradición primordial, "porque esta Tradición no es sino una con el conocimiento mismo que está implicado en la posesión de este estado".21 Tal vez todo esto lo veamos con mayor claridad si lo trasladamos al simbolismo constructivo, que es el modelo del que la iniciación masónica extrae lo esencial de su enseñanza. Y para hacerlo nada mejor que acudir a aquellos artículos de Los Símbolos Fundamentales de la Ciencia Sagrada que han sido reunidos bajo el título general de "Simbolismo constructivo", y de esos artículos concretamente los que llevan por título "El simbolismo de la cúpula" y "La piedra angular", puesto que en ellos se señalan ciertos aspectos simbólicos del ritual de Royal Arch.
En efecto, es llegado al grado de maestro, que en el simbolismo constructivo se corresponde con la piedra fundamental situada en el centro mismo del plano cuadrangular del templo (cuadrángulo que simboliza a la Tierra), que se produce el pasaje de la "escuadra al compás", o del "cuadrado al círculo", esto es, de la Tierra al Cielo, el cual está representado por la cúpula semiesférica,22 situada lógicamente en la parte superior del edificio, en cuya sumidad se encuentra la "clave de bóveda", sobre la que se dispone la piedra angular. Esta, debido a su forma, no halla su ubicación en el templo hasta que finaliza la construcción misma, a la que la piedra angular literalmente "corona" al situarse en su ápice o punto más alto, es decir, en su Cenit. La piedra angular es, como dice Guénon, el símbolo de la Unidad metafísica, de la que toda la construcción depende y de la que no es sino un reflejo, como lo es la propia manifestación universal del Principio in-manifestado. De esa clave de bóveda parte un eje o pilar invisible hacia el centro mismo del templo, donde se encuentra la piedra fundamental (que corresponde al altar en la simbólica cristiana), la cual aparece, en efecto, como el reflejo de la piedra cimera, proyectándose a su vez en las cuatro piedras situadas en cada uno de los ángulos de la base, las que "sostienen" y sobre las que se apoya toda la construcción. Esta se levanta toda entera alrededor de ese eje, que es verdaderamente el símbolo del Eje del Mundo, y es él el que posibilita que una vez llegado al centro o altar se produzca ese pasaje o "exaltación" (así se llama exactamente la ceremonia de admisión al grado de Royal Arch) que conduce hasta la clave de bóveda, que como su propio nombre indica es una "clave" o "llave" que abre la "puerta estrecha" por donde se produce la salida definitiva de la construcción cósmica, hacia los estados supra-individuales y metafísicos, y con ellos a la Identidad Suprema y a la Liberación, objetivo, si así pudiera decirse, de todo el proceso iniciático.
NOTAS
1
Es el Sanâtana Dharma de la tradición hindú, equivalente al "Evangelio Eterno". A éste podrían aplicarse las palabras de Cristo: "Los cielos y la tierra pasarán pero mis palabras no pasarán jamás".
2
Aperçus sur L'Initiation, cap. XXIX, "Operativo y especulativo".
3
Ibid. Guénon suministra también otros datos que contribuyen sin duda a entender las razones del nacimiento de la Masonería especulativa, como el hecho de que los miembros (Anderson a la cabeza) que integraban las cuatro logias inglesas que en 1717 fundaron la Gran Logia de Inglaterra, no habían "recibido la totalidad de los grados 'operativos', lo que explica la existencia, al comienzo de la Masonería 'moderna', de ciertas lagunas que fue necesario cubrir seguidamente, lo que no pudo hacerse más que por la intervención de los supervivientes de la Masonería 'antigua', mucho más numerosos todavía en el siglo XVIII de lo que creen generalmente los historiadores". En otro lugar ("Heredom", en Etudes sur la Franc-Maçonnerie et le Compagnonnage t. II) Guénon señala que esos masones sólo habían alcanzado el grado de compañero, con lo cual estaban privados de un conocimiento pleno de la iniciación masónica, únicamente otorgado mediante el acceso al grado de maestro. Les faltaban, por consiguiente, la legitimidad necesaria para adaptar los rituales masónicos a las nuevas condiciones cíclicas que se estaban produciendo en aquella época, adaptación que sólo era posible realizar partiendo del respeto a los antiguos usos y costumbres, no de su olvido, o en cualquier caso de su manipulación, en beneficio de una concepción de la Masonería más moral y comprometida con los acontecimientos exteriores del mundo profano que verdaderamente iniciática y tradicional. Guénon hace asimismo notar cómo Anderson destruyó sistemáticamente todos cuantos documentos de la antigua Masonería cayeron en sus manos, especialmente aquellos en que se evidenciaba la filiación masónica al esoterismo hermético-cristiano, en el que era sumamente importante el simbolismo de la Santa Trinidad, lo que evidentemente no cuadraba en la mentalidad de un pastor protestante como era Anderson (ver a este respecto "A propósito de los signos corporativos", ibid.). Por ello mismo, las "lagunas" de que habla Guénon se dieron sobre todo en los grados superiores de la Masonería operativa, incluido el grado de maestro, que naturalmente, estaba ausente entre los que fundaron la Gran Logia de Inglaterra. Y fueron esos grados los que debieron restituir, en la medida de lo posible, los "supervivientes" que permanecieron fieles a su herencia tradicional.
4
Tradición y transmisión proceden ambas del latín tradere, por lo que equivalen exactamente a lo mismo.
5
En la Masonería, por su propia constitución heredada de una tradición artesanal y de oficio, el trabajo colectivo desempeña un papel fundamental como soporte para la realización del Conocimiento. En este sentido, y para saber lo que Guénon pensaba al respecto recomendamos el estudio de los capítulos X y XXIII de Initiation et Réalisation Spirituelle, llamados respectivamente "Sobre la 'glorificación del trabajo' " y "Trabajo iniciático colectivo y 'presencia' espiritual" (este último ha sido traducido en el nº 7 de SYMBOLOS ). En ellos se dan todas las indicaciones pertinentes sobre la verdadera naturaleza de la influencia espiritual que inspira y guía el trabajo colectivo tal cual se practica, o debería practicarse, en la Masonería.
6
Aperçus..., cap. XVII.
7
"Los ritos iniciáticos" y "El rito y el símbolo", Ibid.
8
Esta es una de las razones por las que la asistencia periódica a la Logia es uno de los principales deberes de un masón.
9
Ver "Maçons et charpentiers", en Etudes sur la Franc-Maçonnerie et le Compagnonnage II. En el mismo volumen, en el artículo "A propos du Grand Architecte de L'Univers", Guénon también asimila al Gran Arquitecto con el Adam Kadmon de la Cábala y el Hombre Universal del sufismo islámico. También es muy significativo lo que dice acerca del hierograma del Gran Arquitecto (formado por el Tetragrama Iod, He, Vau, He, el nombre inefable de Dios) y el de Allah, constituido por otro Tetragrama "cuya composición jeroglífica designa netamente el Principio de la Construcción Universal", añadiendo en nota "que las cuatro letras que forman en árabe el nombre de Allah equivalen respectivamente a la regla, a la escuadra, al compás y al círculo, éste último siendo sustituido por el triángulo en la Masonería de simbolismo exclusivamente rectilíneo".
10
"En tu luz vemos la luz", Salmos, 36, 10.
11
Aperçus... cap. XLVI, "Sobre dos divisas iniciáticas".
12
El ritual de apertura de la Logia se complementa con el ritual de clausura o cierre de la misma. Esto se simboliza con el "apagado de las luces", que se concentran así en el punto primordial de donde manaron. Este doble movimiento de expansión (apertura) y concentración (clausura), es análogo al espir y aspir, creación y disolución generadas por el ritmo (rito) universal.
13
El Rey del Mundo, cap. III.
14
En la Masonería operativa la geometría era la "quinta" ciencia, pues ella ocupa el quinto lugar en la enumeración de las siete artes liberales. Ver a este respecto "La letra G y el Svástica", en Símbolos Fundamentales de la Ciencia Sagrada.
15
Número, peso y medida se corresponden con los pilares masónicos de la Sabiduría, la Fuerza y la Belleza.
16
Sobre la teoría hindú de los tres gunas (tamas, rajas y sattwa) remitimos al cap. V de El simbolismo de la Cruz. También el cap. VIII de La Rueda, una imagen simbólica del cosmos, de Federico González.
17
En esta obra Guénon recoge algunas enseñanzas del esoterismo islámico y de la tradición hindú relativas a la metafísica de la geometría que pudieran ser de gran utilidad para la investigación en profundidad del simbolismo masónico.
18
Una de las figuras más representativas de la estructura simbólica de los tres grados iniciáticos, de la Masonería o de cualquier otra tradición, es la del "triple recinto druídico", al que Guénon dedica un estudio en el cap. X de Los Símbolos Fundamentales de la Ciencia Sagrada. Allí se dice que "el sentido de las cuatro rectas dispuestas en forma de cruz que vinculan entre sí los tres recintos se hace inmediatamente bien claro: son por cierto canales, por medio de los cuales la enseñanza de la doctrina tradicional se comunica de arriba abajo, a partir del grado supremo que es su depositario, y se reparte jerárquicamente a los demás grados". Está claro que esos tres recintos se corresponden perfectamente, de ad intra a ad extra, con las tres Cámaras masónicas de maestro, compañero y aprendiz, respectivamente.
19
Sobre todo esto consultar la obra de Denys Roman René Guénon et les destins de la Franc-Maçonnerie, Ed. Les Editions de L'Oeuvre. También, y en lo que se refiere al simbolismo masónico en general, consultar las obras Simbolismo Masónico y Tradición Cristiana, de Jean Tourniac (Ed. Dervy-Livres), Los Números en la Tradición Pitagórico-Masónica, de Arturo Reghini (Ed. Arché, Milano). En la actualidad, y en contraste con la época de Guénon, existen numerosos autores que abordan el simbolismo masónico desde una perspectiva tradicional, y pensamos que ello es debido, en gran parte, a la influencia de la obra guenoniana.
20
Este grado es quizás el que ha conservado con más pureza la herencia del esoterismo judeo-cristiano en la Masonería. Su nombre completo es "Santo y Real Arco de Jerusalén", y su simbolismo gira en torno precisamente al Templo de Jerusalén o de Salomón, que aunque está presente en todos los grados masónicos, es en este, y el equivalente a él en los altos grados de otros Ritos, donde se revela su significación profunda. Así lo atestiguan los símbolos distintivos de este grado, en los que aparece un círculo, dentro del cual se inscribe un triángulo, en cuyo interior aparece la "Triple Tau" (en alusión a los tres templos, que en realidad son uno solo: el de Salomón, el reconstruido por Zorobabel y aquel "que no es hecho por manos de hombre", es decir Cristo mismo), pero dispuesta de tal manera que aparecen las iniciales de Templum Hierosolimitano, el Templo de Salomón.
21
"Palabra perdida y nombres substituidos". De ahí que una Logia que trabaja en grado de maestro se denomine precisamente la "Cámara del Medio", pues ella es como una imagen del Centro o Corazón del Mundo.
22
El templo cristiano tiene normalmente la forma de una cruz latina, realizada por las seis caras de un cubo rebatidas sobre el plano de la base. Guénon dice en "El simbolismo de la cúpula", que este punto está expresamente indicado en el simbolismo del Royal Arch, y añade que "la cara de la base, que naturalmente permanece en su posición primitiva, corresponde entonces a la parte central por encima de la cual se eleva la cúpula".

sábado, 14 de noviembre de 2009

GEOMETRIA SAGRADA

GEOMETRIA SAGRADA
Platón consideraba a la geometría y a los números como el más conciso y esencial, y por tanto el ideal de los lenguajes filosóficos . VICTOR MANUEL GUZMAN VILLENA
La geometría es una de las ciencias más representadas en las ceremonias y símbolos de las escuelas iniciáticas y la que entre todas es considerada como más esencial. Geometría significa "medida de la tierra". En el antiguo Egipto, del que Grecia heredó dicho estudio, el Nilo desbordaba sus márgenes cada año, anegando la tierra y borrando el metódico trazado de las parcelas y las zonas de cultivos. Esa inundación anual simbolizaba para los egipcios el retorno cíclico del primigenio caos acuoso, y cuando las aguas se retiraban empezaba la tarea de redefinir y reestablecer los linderos.Este trabajo se llamó geometría y era considerado como el restablecimiento del principio del orden y de la ley sobre la tierra. Cada año, cada zona medida era un poco diferente. El orden humano era cambiante, y eso se refleja en el ordenamiento de la tierra. El astrónomo del templo podía decir que ciertas configuraciones celestes habían cambiado, y por lo tanto la orientación o la ubicación de un templo tenían que ajustarse a ello.Así pues, el trazado de las parcelas sobre la tierra tenía, para los egipcios, una dimensión tanto metafísica como física y social. Esa actividad de "medir la tierra" se convirtió en la base de una ciencia de las leyes naturales tales y como se encarnan en las formas arquetípicas del círculo, el cuadrado y el triángulo.La geometría es el estudio del orden espacial mediante la medición de las relaciones entre las formas. La geometría y la aritmética, junto con la astronomía, la ciencia del orden temporal a través de la observación de los movimientos cíclicos, constituían las principales disciplinas intelectuales de la educación clásica.El cuarto elemento de ese importante programa de cuatro partes, el quadrivium, era el estudio de la armonía y la música. Las leyes universales que definían la relación y el intercambio entre los movimientos temporales y acontecimientos celestes por una parte y el orden espacial y el desarrollo sobre la tierra por otra.Luego se agregaron la gramática, que enseña a expresar las ideas con las reglas propias del lenguaje; la retórica, los adornos y belleza del estilo hablado; la lógica para formar juicios exactos de las cosas, tres elementos más y con ello se formaron lo que se llama las Artes Liberales que son siete y que está representado en los Siete maestros necesarios para formar una logia justa, regular y perfecta.El objetivo implícito de esa educación era permitirle a la mente convertirse en un canal a través del cual la "tierra" (el nivel de la forma manifestada) podía recibir lo abstracto, la vida cósmica de los cielos. La práctica de la geometría era una aproximación a la manera en que el universo se ordena y se sustenta. Los diagramas geométricos pueden ser contemplados como momentos de inmovilidad que revelan una continua e intemporal acción universal generalmente oculta a nuestra percepción sensorial.De esa manera una actividad matemática aparentemente tan común puede convertirse en una disciplina para el desarrollo de la intuición intelectual y espiritual.Platón consideraba a la geometría y a los números como el más conciso y esencial, y por tanto el ideal de los lenguajes filosóficos. Pero no es sino en virtud de su funcionamiento a cierto "nivel" de realidad que la geometría y los números pueden convertirse en un vehículo para la contemplación filosófica.La filosofía griega definía esa noción de "niveles", tan útil en nuestro pensamiento, distinguiendo el "tipo" del "arquetipo". Según indicaciones que vemos en los relieves murales egipcios, dispuestos en tres registros –el superior, el medio y el inferior- podemos definir un tercer nivel, el "ectipo" situado entre el arquetipo y el tipo.Para ver como funciona cada uno de ellos, tomemos un ejemplo de algo tangible, como una brida o freno que se utiliza para controlar a un caballo. Esa brida puede tener cierto número de formas, materiales, tamaños, colores, utilidades, y todas ellas son brida.La brida así considerada es un tipo: existe, es diversa y variable. Pero en otro nivel está la idea o la forma de brida, el modelo de todas las bridas. Esta es una idea no manifestada, pura y formal, y ese es el ectipo. Y por encima de ese está todavía el nivel arquetípico, que es del principio o poder-actividad, es decir un proceso que la forma ectípica y el ejemplo de tipo de joya sólo representa.El arquetipo tiene que ver con los procesos universales o modelos dinámicos que pueden considerarse independientes de cualquier estructura o forma material. El pensamiento moderno tiene difícil acceso al concepto de arquetipo porque las lenguas europeas requieren que los verbos y la acción se asocien con sustantivos.Por tanto no tenemos formas lingüísticas con que imaginar un proceso o una actividad que no tenga un vehículo material. Las culturas antiguas simbolizan esos procesos puros y eternos como dioses, es decir, poderes o líneas de acción a través de las cuales el espíritu se concretizaba en energía y materia. La brida se relaciona pues con la actividad arquetípica mediante la función de palanca: el principio de que las energías son controladas, especificadas y modificadas mediante los efectos de la angulación.Así pues, vemos que con frecuencia el ángulo –que es fundamentalmente una relación entre dos números- habría sido utilizado en el simbolismo antiguo para designar un grupo de relaciones fijas que controlan complejos o modelos interactivos. De esa manera, los arquetipos o dioses representan funciones dinámicas que vinculan entre sí los mundos superiores de la interacción y el proceso constante, y el mundo real de los objetos concretos. Veamos, por ejemplo, que un ángulo de 90º o de 45º, de la misma forma, la óptica geométrica revela que cada sustancia refleja la luz en forma característica en su propio ángulo particular, y es ese ángulo el que nos da nuestra definición más precisa de la sustancia. Además, los ángulos de los patrones de unión entre las moléculas determinan en gran parte las cualidades de la sustancia.En el caso de la brida, esa relación o juego angular se manifiesta en la relación entre el bocado y la correa de la brida o entre el bocado y la inclinación del cuello o la mandíbula y el bíceps del jinete. Partiendo del nivel del arquetipo o idea activa, el principio de la brida puede aplicarse metafóricamente a muchos campos de la experiencia humana.Funcionando pues a nivel arquetípico, la geometría y los números describen energías fundamentales y causales en su entretejida y eterna danza. Es ese modo de ver el que subyace bajo la expresión de sistemas cosmológicos y configuraciones geométricas. Por ejemplo, el más reverenciado de todos los diagramas tántricos, el Sri Yantra representa las funciones necesarias activas en el universo mediante nueve triángulos entrelazados. Sumirse en un diagrama geométrico de esa índole es entrar en una especie de contemplación filosófica.Para Platón, la realidad consistía en esencias puras o ideas arquetípicas de las que los fenómenos que percibimos son sólo reflejos (la palabra griega "Idea" también se traduce como "Forma"). Estas ideas no pueden ser percibidas por los sentidos, sino sólo por la razón pura. La geometría era el lenguaje que recomendaba Platón como el modelo más claro para describir ese reino metafísico.*"¿Acaso no sabéis que los geómetras utilizan las formas visibles y hablan de ellas, aunque no se trata de ellas sino de esas cosas de las que son un reflejo y estudian el cuadrado en sí y la diagonal en sí, y no la imagen de ellos que dibujan? Y así sucesivamente en todos los caos. Lo que realmente buscan es poder vislumbrar esas realidades que sólo pueden ser contempladas por la mente"*. *Platón, La República, VII*.El Platónico considera nuestro conocimiento de la geometría como innato en nosotros, adquirido antes de nacer, cuando nuestras almas estaban en contacto con el reino del ser ideal.*"Todas las formas matemáticas tienen una permanencia primera en el alma; de tal modo que antes de lo sensible, ésta contiene números con su propia dinámica; figuras vitales antes de las aparentes; razones armónicas antes que las cosas armónicas, y círculos invisibles antes que los cuerpos que se mueven en el círculo" *. *Thomas Taylor*.Platón lo demuestra en *Menón*, donde hace que un joven sirviente sin instrucción resuelva instintivamente el problema geométrico de duplicar el cuadrado.Para el espíritu humano, atrapado en un universo en movimiento, en la confusión de un perpetuo flujo de acontecimientos, circunstancias y desconcierto interno, buscar la verdad siempre ha consistido en buscar lo invariable, llámese ideas, formas, arquetipos, números o dioses. Entrar en un templo construido en su totalidad conforme a las proporciones geométricas invariables es entrar en el reino de la verdad eterna. Dice Thomas Taylor: *"La geometría lo permite a su devoto, como un puente, franquear la oscuridad de la naturaleza material, como si fuese un mar oscuro hacia las regiones luminosas de la realidad perfecta"*. Empero, no se trata de absoluto de un suceso automático que ocurra con sólo coger un libro de geometría. Como dice Platón, el fuego del alma debe ser gradualmente reavivado por el esfuerzo: *"Qué gracia me hacéis, los que parecéis preocupados porque yo os imponga estudios poco prácticos. No es propio únicamente de los espíritus mediocres, sino que todos los hombres tienen dificultades para persuadirse de que es a través de esos estudios, utilizados como instrumentos como se purifica el ojo del alma, y como se propicia que un nuevo fuego arda en ese órgano que estaba oscureciendo y como extinguido por las sombras de otras ciencias, un órgano más importante de conservar que diez mil ojos, ya que es el único con el que podemos contemplar las verdad" *. *La República, VII (Citado por Teón de Esmirna (siglo II) en su Matemáticas útiles para entender a Platón* .La geometría trata de la forma pura, y la geometría filosófica reconstruye el desarrollo de cada forma a partir de otra anterior. Es una manera de hacer visible el misterio creativo esencial. El paso de la creación a la procreación, de la idea pura, formal y no manifestada al (aquí abajo), el mundo que surge de ese acto original divino, puede trazarse mediante la geometría, y experimentarse mediante la geometría, y experimentarse mediante la práctica de la geometría.Inseparable de este proceso es el concepto del número y para los pitagóricos, el número y la forma a nivel de idea eran uno solo. Pero en este contexto el número debe entenderse de manera especial. Cuando Pitágoras decía *"Todo está ordenado en torno al número", no pensaba en los números en el sentido enumerativo ordinario. Además de la simple cantidad a nivel ideal los números están impregnados por una calidad, de tal manera que la "dualidad" *, la "Trinidad" o la *"Tétrada"* por ejemplo, no son simples compuestos de 2, 3 o 4 unidades, sino que son un todo o una unidad en sí mismas, cada una de ellas con sus correspondientes propiedades. El *"dos"* , por ejemplo se considera como la esencia original de la que procede y en que funda su realidad el poder de la dualidad.r.a. Schwaller de Lubiez propone una analogía mediante la cual se puede entender este sentido universal y arquetípico del número. Una esfera giratoria se nos presenta con la noción de un eje. Pensemos en ese eje como en una línea ideal o imaginaria que atraviesa la esfera. No posee existencia objetiva, y sin embargo no podemos sino estar convencidos de su realidad; y para determinar cualquier cosa relacionada con la esfera, tal como su inclinación o su velocidad de rotación, debemos referirnos a ese eje imaginario. El número en su sentido enumerativo corresponde a las medidas y movimientos de la superficie exterior de la esfera, mientras el aspecto universal del número es análogo al principio inmóvil, no manifestada y funcional de su eje.Llevemos ahora nuestra analogía al plano bidimensional. Si tomamos un círculo y un cuadrado y le damos el valor 1 al diámetro del círculo y también al lado del cuadrado, entonces la diagonal del cuadrado siempre será (y ésta es una ley invariable) un número "inconmensurable"
"irracional". Decimos que ese número se puede prolongar en un número infinito de decimales sin llegar nunca a una resolución. En el caso de la diagonal del cuadrado, ese decimal es 1,4142…. Y se llama raíz cuadrada de 2. Con el círculo si le damos el diámetro el valor 1, la circunferencia siempre será de tipo inconmensurable, 3,14159…, que conocemos como el símbolo griego, pi.El principio sigue siendo el mismo en el caso inverso, si le damos el valor fijo y esa transacción única en que la vibración oída se convierte en forma vista; y su geometría explora las relaciones de la armonía musical. Aunque interrelacionadas en su función, nuestros dos principales sentidos intelectuales, la vista y el oído, utilizan nuestra inteligencia en dos formas completamente distintas. Por ejemplo, con nuestra inteligencia óptica, para formar un pensamiento componemos una imagen de nuestra mente. Por otra parte, el oído utiliza la mente en una respuesta inmediata y sin imagen cuya acción es expansiva y evoca una respuesta de asociar con experiencias subjetivas, emocionales, estéticas o espirituales.Tendemos a olvidar que también interviene cuando la razón percibe relaciones invariables. Por tanto, cuando centramos nuestra experiencia sensorial en nuestra capacidad auditiva, podemos darnos cuenta de que es posible escuchar un color o un movimiento. Esta capacidad intelectual es muy diferente de la "visual", analítica o secuencial que normalmente utilizamos. Es esta capacidad, asociada con el hemisferio derecho del cerebro, la que reconoce patrones en el espacio o conjuntos de cualquier tipo. Puede percibir simultáneamente los opuestos y captar funciones que ante la facultad analítica parecen irracionales. Es de hecho el complemento perfecto de la capacidad visual y analítica del hemisferio izquierdo, ya que absorbe órdenes espaciales y simultaneas. Esa cualidad intelectual innata se asemeja mucho a los que los griegos llamaban la razón pura, o lo que en la India llamaban el corazón-mente.Los antiguos egipcios tenían para ello un hermoso nombre, la inteligencia del corazón, y alcanzar esa cualidad de entendimiento era la meta implícita de la vida. La práctica de la geometría, aunque hace uso también de la facultad analítica, utiliza y cultiva ese aspecto auditivo e intuitivo de la mente. Por ejemplo uno experimenta el hecho del crecimiento geométrico a través de la imagen del cuadrado cuya diagonal forma el lado de un segundo cuadrado. Se trata de una certeza no razonada captada por la mente a partir de la experiencia real de ejecutar el dibujo. La lógica está contenida en las líneas de papel, que no se pueden dibujar de otra forma.Como geómetras equipados únicamente con compases y reglas, entramos en el mundo bidimensional de la representación de la forma. Se establece un vínculo entre los reinos del pensamiento más concreto (forma y medida) y los más abstractos. En la búsqueda de las relaciones invariables que gobiernan e interrelacionan las formas nos ponemos en resonancia con el orden universal. Al reproducir la génesis de esas formas intentamos conocer los principios de la evolución. Y de esa manera, a elevar nuestros propios patrones de pensamiento a esos niveles arquetípicos, propiciamos que la fuerza de esos niveles penetre nuestra mente y nuestro pensamiento. Nuestra intuición se anima, y quizá como dice Platón, el ojo del alma pueda ser purificado y encendido de nuevo, "pues sólo a través de él podemos contemplar la verdad".Uno de los supuestos fundamentales de las filosofías tradicionales reside al parecer en que el propósito de las facultades intelectuales del humano es el de acelerar nuestra propia evolución superando las limitaciones del determinismo biológico que constriñen a todos los demás organismos vivos. Los métodos como el yoga, la meditación, la concentración, las artes, artesanías son técnicas psico-físicas para acercarse a esa meta fundamental. La práctica de la geometría es una de las técnicas esenciales de autorrealización.

lunes, 29 de septiembre de 2008

LOS RITOS MASONICOS EGIPCIOS
















El origen de los ritos masónicos egipcios
Para muchos de nosotros la fascinación por Egipto seguramente nació en nuestra infancia, mientras hojeábamos las viejas ilustraciones que habían dibujado los sabios franceses que acompañaron a Napoleón en su campaña de Egipto. Si Grecia fue la cuna del pensamiento y la cultura occidentales, Egipto no podía ser otra cosa que sus desconocidos padres. Así, todo intento por conocer Occidente debe comenzar con Egipto.Plutarco, sacerdote del siglo I d.C., fue uno de los pocos iniciados en el sacerdocio egipcio que escribieron de los Misterios para un público que ignoraba y desconocía el sentido profundo de la tradición egipcia. En este sentido se podría pensar que fue un iniciado que violó el juramento de silencio en relación con los sagrados ritos egipcios.Oriundo de Queronea, fue en Delfos donde Plutarco recibió la iniciación en los antiguos Misterios egipcios de Isis y Osiris, y él mismo revistió altas funciones en este santuario. Como escribió su libro Isis y Osiris en la misma Delfos, podríamos considerar que tal vez no incumplió ningún juramento, pues en tal caso nada le habría resultado más fácil al sacerdocio del templo que suprimir el texto y castigar tan grave traición. Pero como, por otra parte, es indudable que su obra contiene gran cantidad de informaciones secretas sobre los Misterios de Isis y Osiris, a primera vista parecen incompatibles tales revelaciones con el voto de silencio.El libro en cuestión recoge una serie de comentarios sobre los Misterios. En ellos se examinan diferentes aspectos relativos a diferentes niveles de iniciación y a la mitología arcana. La obra está dedicada a Klea, sacerdotisa e iniciada en Delfos. Esta circunstancia nos permite entrever que su intención no fue la de transgredir ningún voto de silencio; tal vez sólo se trataba de instruir a una hermana iniciada en el mismo culto.No se sabe cómo sus escritos llegaron al dominio público. No sabemos cómo ocurrió esto, ni si el mismo Plutarco los escribió con intención de publicarlos alguna vez. Tampoco nos consta que recibiera castigo alguno por parte de los iniciados del Templo de Delfos, como seguramente hubiese ocurrido si hubiera quebrantado un secreto.Para conocer un poco mejor este mundo enigmático de los misterios egipcios, la revista Hermética (http://www.revistahermetica.org/) en su último número, le dedica toda la publicación al tema. No obstante, humildemente, comparto con ustedes mi entusiasmo por Egipto, obtenido de basta bibliografía.El interés por la tradición egipcia surge con mayor certeza con la Academia Platónica de Florencia, fundada en 1450. Traducido por primera vez del griego al latín en 1471 por Marsile Ficino, el Corpus Hermeticum conoce un amplio éxito, ya que se realizaron más de treinta y dos ediciones. Más tarde llegó el interés por los jeroglíficos.
La egiptomania progresó en particular con la obra de Athanase Kircher (1652), Oedipus Aegyptiacus. Uno de los ballets de Rameau se titula El nacimiento de Osiris (1751). El abad Terrasson, helenista y miembro de la Academia francesa, editó en 1728 una novela seudo-iniciática, Set o la Vida extraída de los monumentos y anécdotas del antiguo Egipto. Las antiguas iniciaciones en tierras egipcias se contaban con mucha fantasía.
Dos alemanes, von Köppen y von Hymmen, lo imitaron publicando Crata Repoa en 1770. Se difundió ampliamente un grabado con autoría de Lenoir que representaba las ceremonias iniciáticas, dentro de la Gran Pirámide. Se podrían citar muchos más autores, pero estos cuantos ejemplos muestran el auge del baño cultural egipcio en dicha época.
Un trabajo de Manuela Garijo, muy bien documentado y publicado en la Revista Hermética, Origen de los ritos masónicos egipcios sugiere que el hermetismo y las Escuelas de Misterios nacen en Alejandría, en una villa cosmopolita ubicada en Egipto pero fundada por los griegos y donde un tercio de la población es de procedencia judía.
Según la autora, utilizan la terminología de los mitos procedentes del antiguo Egipto (Osiris, Isis, etc.), que restituyen en un marco muy influenciado por la cultura griega. Durante el transcurso de los dos siglos que precedieron a la era cristiana circulaban textos, atribuidos a Hermes – dios griego – que pretendían revelar la antigua sabiduría egipcia. Reunidos más tarde bajo el nombre de Corpus Hermeticum, garantizaron el desarrollo de las ciencias herméticas: magia, alquimia y astrología.
Pero el Egipto que redacta dichos textos herméticos y al que hacen referencia los ritos masónicos egipcios, no es precisamente el Egipto faraónico, sino un mundo griego-egipcio, asegura Garijo. Como la datación exacta de los textos herméticos ha sido obviamente posterior a su traducción, no podemos reprochar a los ocultistas y a los ritos masónicos egipcios haberse confundido, considerando que el Egipto al que se referían era el Egipto faraónico, explica.Sin embargo, C.W. Leadbeater en su obra La Masonería, la historia secreta, sostiene que el culto de los Misterios se origina en el mismo periodo en que se construyeron las pirámides, tiempo que atribuye al año 7525 a.C., una teoría un tanto estirada de los pelos, para mí.Considero que es en el siglo XVIII, donde la antigüedad se transforma en uno de los componentes del discurso masónico, como la caballería o la fraternidad. Incluso en Inglaterra, el pastor Anderson y el caballero de Ramsay hacen referencia a los antiguos Misterios, tan antiguos que se pierden en la oscuridad de la noche.
A comienzos del siglo XIX, Egipto se convierte en el tema central de los autores de la Orden, siguiendo las huellas de la campaña napoleónica de Egipto.
En mayo de 1798, Napoleón Bonaparte embarca con una fuerza de 38.000 hombres, repartida en 335 navíos, y zarpa hacia Egipto. Se ampara de Alejandría el 1° de setiembre y vence a los mamelucos delante de las pirámides. Pero lo más importante fue el despliegue de eruditos y de investigadores que se unieron a la campaña y que pudieron de este modo ponerse manos a la obra.Visitan los sitios sagrados, lo anotan todo, realizando bocetos, dibujos, reuniendo documentos, recuerdos y las más diversas informaciones sobre el antiguo Egipto. Copian a mano cantidad de textos jeroglíficos. Entonces llegó el descubrimiento de la piedra de Roseta.
El capitán Bouchard encuentra una estela con un decreto en tres lenguas: en jeroglíficos, en egipcio demótico y en griego, lo que permite a Jean-François Champollion descifrar, por primera vez, los textos del Egipto faraónico. Su primera comunicación, respecto al alfabeto egipcio se celebró el 17 de diciembre de 1822.
Como lo recuerda Jean Mallinger, la campaña de Egipto tuvo también otra consecuencia. El entusiasmo general por Egipto produjo que muchas logias masónicas del continente europeo, modificasen el marco social de celebración de sus actos que hasta la fecha había sido aquel de los ingleses.
La masonería introducida por los británicos, que con frecuencia se reunían no en templos, sino en tabernas o restaurantes, se limitaba a recitar los rituales, iniciándolos y clausurándolos con cantos, todo ello acompañado por los placeres de la mesa.
La campaña de Egipto fomenta un movimiento ya presente en la Europa continental, cuya ambición era la práctica de ritos eficientes por iniciados reunidos entorno a un local que recordase los templos de la Antigüedad.
El iniciado estaba considerado como una piedra viva, cuya talla se realizaba a lo largo de los trabajos, en un ámbito de estudio y de mutuo afecto. Como lo demuestran La alta Masonería egipcia de Cagliostro, en su vertiente hermética y la Orden de los “élus-cohen” (elegidos cohen) de Martinès de Pasqually, respecto a la gnosis judeocristiana. Ninguna de ambas vertientes sobrevivió a sus fundadores. Pero la calidad de su posterior desarrollo iba a revelarse impresionante.La moda de lo egipcio no dejó de expandirse durante todo el siglo XVIII. En 1751, Rameau escribió una ópera-ballet, La naissance d` Osiris. De 1773 a 1784, Antonie Court de Gébelin hizo aparecer los nueve volúmenes de su Monde primitif, una amplia enciclopedia mitológica y “alegórica” en la que revela el origen de las religiones, los símbolos, los calendarios, los juegos de cartas, las lenguas, las escrituras… Como no podía ser de otro modo, la concedía una gran importancia a los cultos y divinidades del Egipto antiguo.
Según él, la etimología de París era Bar Isis, es decir, “Barca de Isis” y el emplazamiento de la catedral de Notre Dame habría sido primero el de un templo de esa diosa egipcia. Court de Gébelin quien, además de miembro de muchas academias de eruditos, era pastor protestante, adepto a los Ritos de los Filaletes y de los Elegidos Cohen, tuvo una influencia inmensa en la sociedad intelectual de su tiempo.La moda egipcia, según nos cuenta Gerard Galtier en su espléndida obra La Tradición oculta, no se limitó a Francia; la encontramos en Italia, Gran Bretaña y en los países germánicas. La célebre ópera masónica de Mozart, La Flauta Mágica, se representó por primera vez en viena en 1791; sabemos que describe el camino de la iniciación a través de los misterios de un Egipto místico. En 1795, el escritor Eckartshausen publicó su novela, La voyage de Kosti, en el cual el héroe, hijo de un príncipe indio, sigue un fabuloso peregrinaje iniciático que le lleva a penetrar en la gran pirámide de Menfis.Uno de los primeros Ritos egipcios es el rito de los “Arquitectos Africanos”, creado en Berlín hacia 1767 por Friedrich von Copen (1734-1797), oficial del ejército prusiano, quien también fue el autos de Crata Repoa (1770), una obra en alemán que pretendía reproducir la iniciación a los antiguos misterios de los sacerdotes de Egipto.Según Galtier, el principal iniciador, real o mítico, de los ritos de la masonería egipcia y de muchas corrientes rosacruces sigue siendo el conocido conde Alexandre de Cagliostro (en realidad llamado Joseph Balsamo, 1743-1795), quien en diciembre de 1784, inauguró su “Rito de la masonería egipcia Superior”, en el marco de la logia madre La Sabiduría triunfante de Lyon.Entre los ritos esotéricos del siglo XVII, hay uno, menciona Galtier, que tiene gran importancia para la historia de la masonería egipcia, el Rito Primitivo de la logia de Los filadelfos de narvona, del cual los ritos franceses contemporáneos de Menfis-Misraim se consideran sucesores suyos.Además del Rito de Cagliostro, el Rito Primitivo de Carbona y del Rito de los Arquitectos Africanos, durante el siglo XVII hubo otros pequeños ritos egipcios. Sin embargo, explica Galtier, se los conoce mal, pues a menudo su interés principal residía en el secreto que los rodeaba.El origen del Rito Misraim o de Egipto es bastante misterioso. La primera logia francesa de Misraim, bien atestiguada, fue fundada en 1814-1815 en París por los hermanos Bédarride. Este Régimen masónico, que llegaba de Nápoles en Italia, poseía 90 grados y reivindicaba una tradición egipcia de las más antiguas. Robert Ambelain asegura que el rito habría nacido en Venecia en 1788 en forma de logia fundada por un grupo de hombres a los que Cagliostro habría entregado una patente de fundación.Según la primera versión de la historia oficial del Rito de Menfis, tal cual la relata desde 1839 su fundador Jacques Étienne Marconis de Nègre (1795-1868), la ciencia masónica había sido trasmitida por los templarios, quienes lo habrían recibido mediante un descendiente de un sabio egipcio convertido al catolicismo por San Marco. Sin embargo, Marconis de Nègre no explicaba cómo se había transmitido el Rito de Menfis hasta él, ni por qué no había comenzado a manifestarse más que en 1838.Según los actuales dirigentes de la Orden de Menfis-Misraim, el Rito de Menfis había nacido de la fusión llevada a cabo entre, por una lado, diversos Ritos esotéricos de origen occitano, sobre todo los Ritos Herméticos de Aviñon, Primitivo de Carbona y de los Arquitectos Africanos de Buerdeos y, por otro, un rito agnóstico de origen egipcio.En 1881-1882, a instigación de John Yarker, Gran Maestro de Menfis en Gran Bretaña y de Giambattista Pessina, Gran Maestro de Misraim en Nápoles, proclamaron al general Giuseppe Garibaldi Gran Hierofante Mundial de todos los Ritos de Masonería Egipcia. De esta unión nació el nuevo Rito de Menfis-Misraim.
En la actualidad, y por medio de la transmisión en 1985 de Robert Ambelain, Gérard Kloppel se transformó en el Gran Maestro perpetuo del Rito.

PARADIGMAS MASONICOS


Francmasonería Euclidiana
y Francmasonería Fractal

"Las nubes no son esferas,Las montañas no son conos, Los litorales no son circulares,Y los ladridos no son suaves,Lo mismo que los relámpagosNo viajan en línea recta."
Benoît MandelbrotIntroduction to The Fractal Geometry of Nature
Benoît Mandelbrot, el Meteorólogo, caminaba por una playa junto al mar en la estación estival de 1976 y de pronto observó que los contornos reales de la playa, acariciados y besados por la espuma marina, no obedecían a las formas regulares de la geometría de Euclides, el matemático de la Grecia clásica de Platón y Aristóteles, como los conos, los cilindros, las esferas, los prismas y los cubos inspiradores del Arte de Cezanne y de Picasso y Braque y del hombre esferoidal desde los griegos hasta nuestros días…
Sino más bien, pensó Mandelbrot, esos contornos de la playa y su suave arena-rizada por el viento-que rozaba apenas sus pies desnudos, se debían quizás a las formas de una geometría irregular, que el mismo Mandelbrot llamó "Fractal", inspiradora de las altas matemáticas de los "objetos fractales" del Tercer Milenio y del "hombre-fractal" u "hombre-manzana" en contraste con el milenario "hombre-esferoidal" de la geometría euclidiana…
La geometría irregular fractal de Mandelbrot es entonces una geometría alternativa a la varias veces milenaria geometría euclidiana regular, pues tiene la inteligencia de asumir la complejidad de lo real, de la naturaleza, del cosmos, del mundo y no la simplicidad lineal de las formas geométricas regulares que formalizan abstractamente lo real y le imponen a la subjetividad humana un esquema formalista de dimensiones cónicas, esferoidales, cilíndricas, circulares , cúbicas y lineales, al modo platónico idealista de la supremacía de lo ideal sobre lo real.
Ilia Prigogine el Premio Nóbel de Ciencia, a partir de su tesis sobre los procesos termodinámicos en desequilibrio y sus estructuras discipativas, plantea un posible y deseable equilibrio dinámico y complementario entre "determinismo e indeterminismo". Quizás a la manera del pensamiento complejo que considera el conocimiento-en los comienzos del Tercer Milenio-como "navegar en un océano de incertidumbres pasando por breves archipiélagos de certezas"…
La historia de la Francmasonería ilustra ésta tensión entre lo regular y lo irregular, lo establecido y lo alternativo, lo euclidiano y lo fractal, tal vez a la manera de la historia de las "Revoluciones Científicas", según Stephen Kuhn, cuando se genera un nuevo paradigma alternativo y el viejo paradigma se resiste tenazmente al cambio, argumentando por ejemplo lo "irregular" de la nueva alternativa frente a lo "regular" de lo inercialmente aceptado en la tradición de la ciencia.
Tal como ha ocurrido con Aristarco de Samos, Copérnico y Kepler en relación con el "helio-centrismo" y "foto-centrismo" en contrapunto alternativo con el "geo-centrismo" de Claudius Ptolomeus y de Marcus Manilius, de la Inquisición Católica y de la Astronomía "geo-céntrica". Y asímismo ocurrió con la Física Relativista de Einstein y su paradigma alternativo frente al paradigma regular establecido de la Física energética de Hemholz y Maxwell.
Más contemporáneamente, los nuevos paradigmas alternativos de la ciencia se expresan un poco después de mediados del siglo XX, cuando Rudolph Sheldrake, desde Open University en Londres, expresa la alternativa de sus "Campos Mórficos" y su "Resonancia Mórfica" como formas de comportamiento tanto de la naturaleza como de la humanidad y da el ejemplo de "Resonancia Mórfica" entre "Campos Mórficos" de unos pájaros que de pronto empezaron a picotear las botellas de leche dejadas por el lechero, a la hora de la madrugada, frente a las puertas de las casas de los habitantes de ciertas ciudades del Norte de Europa y otros pájaros empezaron a hacerlo a cientos de kilómetros al mismo tiempo. Y asímismo el experimento de grupos de niñ@s que en la Universidad de Harvard, descifraban anagramas en antiguo arameo y al mismo tiempo otros grupos de niñ@s empezaron a hacerlo, con la misma pericia y al (y en el) mismo tiempo, pero al otro lado del Atlántico, a miles de kilómetros de distancia, en Open University en Londres…
O los célebres casos misteriosos de científicos famosos como Kekulé, que hacía años buscaba en vano la fórmula de Química aromática del Benceno y de pronto una noche en su estudio en un estado de "relax" inesperadamente visualizó serpientes danzarinas que flotaban a su alrededor y lo miraban burlonamente, hasta que la más grande de ellas mirándolo fijamente dibujo en el aire la fórmula del anillo del Benceno…que Kekulé se apresuró a copiar rápidamente sobre un papel de su escritorio…Y asímismo el caso de Poincaré que había luchado durante años contra la existencia de las ecuaciones fucsianas en series y de pronto una tarde un poco después de la hora del ocaso y desde su escritorio privado visualizó intempestivamente las ecuaciones que parecían danzar a su alrededor y ante lo cual Poincaré las copió durante horas…La Francmasonería "regular" de Anderson y sus famosos "Landmarks" se mantienen desde las primeras décadas del siglo XVIII-en plena época de la Ilustración y de las Luces-hasta las últimas décadas del siglo XIX cuando en 1877 en el Convento Francmasónico mundial, el G O D F expresa la alternativa de no reducirse al "deísmo" de la Francmasonería "Regular":
"…Ni deísmo, ni ateismo, Ni materialismo, ni idealismo, Ni escepticismo, ni agnosticismo, ni misticismo...Sólo pedimos que quienes no piensen como nosotros, Tengan siempre presente Que la tolerancia liberadora y lúcida, Es una de las principales virtudes (...)Que conserven sus dogmas, Ya que sus creencias se lo exigen, Pero que nos permitan negar La absoluta infalibilidad de los dogmas (...)No!...Nuestra posición no apetece poderío Sino una afirmación moralNi quiere sujetarse a poder alguno. Defiende ideas y rechaza categóricamente Toda pretensión ambiciosa..."
Más allá incluso de la alternativa paradigmática "irregular" del G O D F una nueva alternativa es generada. Pues, hasta 1881, la historia de la francmasonería del Derecho Humano se confunde con la de la francmasonería en Francia y más precisamente con la historia de la Gran Logia de Francia. En 1881, la Gran Logia Simbólica Escocesa niega a la Logia de "Los Librepensadores" del Pecq, el derecho de iniciar mujeres. Y el 9 de Enero de 1882, la Logia de "Los Librepensadores" del Pecq manifiesta su deseo de desligarse de su Obediencia . Y el 14 de Enero de 1882, inicia a Maria Deraismes…Entre 1890 y 1893, Maria Deraismes y Georges Martin conciben una estructura masónica capaz de admitir iniciáticamente mujeres en el seno de Logias Mixtas. El 4 de abril de 1893, la Orden Masónica Mixta del Derecho Humano es fundada oficialmente y el 4 de Enero de 1894, las Obediencias Masónicas Francesas son enteradas de la existencia de una Gran Logia Simbólica Escocesa El Derecho Humano… y su Obediencia crecerá y se instalará en numerosos países en que se crean sus Federaciones…
De este histórico modo la Logia de "Los librepensadores" del Pecq cerca a París a iniciativas de Georges Martin inicia a la brillante y lúcida Marie Deraismes en 1882 y a partir de 1893-1894 es fundada la Francmasonería Mixta Internacional con un perfil "irregular" frente a la "regularidad" sexista de la Francmasonería "regular".
Así, si la nó aceptación del "deísmo" fue el motivo de la diferenciación alternativa e "irregular" del G O D F frente a la Francmasonería "regular" deísta tradicional. Ahora, es la nó aceptación del "sexismo" lo que diferencia alternativamente e "irregularmente" a la Francmasonería Mixta Internacional de la Francmasonería regular sexista.
Y más allá incluso de ésta última diferenciación alternativa "irregular", la Gran Iniciada HPB, en 1887, en la Francmasonería, plantea la diferenciación radical entre los 'Epoptai' y los 'Mystes' , es decir, entre los verdaderos guardianes ('Epoptai' ) tanto de los antiguos secretos sagrados como de los significados simbólicos auténticos de los Misterios, en el llamado "templo inferior" o "cripta" iniciática, en contraste con los constructores del templo que suponen "superior"(los 'Mystes' )y que han olvidado y perdido los secretos y los misterios iniciáticos…
De aquí que a comienzos del Tercer Millenum, la Fracmasonería se mueva en medio de una tensión histórica, si hacemos "transversalidad" y "transdisciplina" constructivistas, entre Geometría y Francmasonería , entre lo que podemos denominar "lo Euclidiano" ó "lo Regular", lo establecido oficialmente y "lo Fractal" ó "lo Irregular", lo alternativo; entre Francmasonería Euclidiana y Francmasonería Fractal…
Sin embargo, tal como ocurre en Geometría y en el Arte mismo, es posible una co-exsistencia dinámica entre lo euclidiano y lo fractal, lo regular y lo irregular, lo establecido y lo alternativo. Entre las formas-objetos fractales y las formas-objetos euclidianos. Entre los conjuntos fractales de Mandelbrot y los conos, cilindros, esferas, prismas, cubos, círculos, lineales euclidianos.
Entre "el hombre esferoidal euclidiano" y "el hombre manzana fractal". Entre Francmasonería Euclidiana y Francmasonería Fractal…
Si la Francmasonería es Una y Universal entonces quizás podríamos co-exsistir a su interior-complementando nuestros antagonismos y generando la paz en medio de nuestros conflictos-la Francmasonería Euclidiana, Regular y Establecida y la Francmasonería Fractal, Irregular y Alternativa…Y tal vez en una misma tenida podríamos compartir el Rito Masónico masones euclidianos y masones y masonas fractales…;'Epoptai' y 'Mystes' …
Aunque otra apertura alternativa, ésta vez de índole espiritual, bien le puede plantear a la "regularidad" de las francmasonerías mixtas la emergencia de considerar el reconocimiento y el respeto a la diferencia esencial entre "naturaleza femenina" y "naturaleza masculina" y entonces la posibilidad de que masonas y masones practiquen el Rito en el mismo espacio y al mismo tiempo, pero en diferente sitio para evitar el homogeinismo de la naturaleza humana y acceder a la inteligencia de la diversidad humana, en este caso la diversidad femenina y masculina. Y ello a su vez generaría otras formas masónicas "fractales" pero en el sentido de la diversidad de los sexos, sin recaer en el "sexismo", pero tampoco en el homogeinismo "regular", confuso y difuso de hombres y mujeres…
Tal es el ejemplo y a la vez inspiración y testimonio de la condición humana planetaria y la identidad humana múltiple, pluriéthnica y pluricéntrica, afirmando una anthropoética que es a su vez afirmación de una misma y universal comunidad del destino humano-intensamente y sutilmente-humano…
Y al decir del poeta:
Por patria, el universoPor ley, la humanidadY por encima de todo,La embriaguez de la libertad !!!
Fraternalmente Fractal R.A.G.M. M:. M:.

LOS ORIGENES DE LA FRANCMASONERIA


¿QUE ES LA FRANCMASONERIA?

La francmasonería o masonería es una institución de carácter iniciático, filantrópico, filosófico y progresista, fundada en el sentimiento de fraternidad, igualdad y libertad. Tiene como objetivo la búsqueda de la verdad y fomenta el desarrollo intelectual y moral del ser humano, además del progreso social. Los masones, tanto hombres como mujeres, se organizan en estructuras de base denominadas logias, que a su vez pueden estar agrupadas en una organización de ámbito superior normalmente denominada "Gran Logia", "Gran Oriente" o "Gran Priorato".
Es filosófica porque orienta al hombre hacia la investigación racional de las leyes de la naturaleza, invita al esfuerzo del pensamiento que va desde la simbólica representación geométrica hacia la abstracción metafísica.
Es filantrópica porque practica el altruismo, desea el bienestar de todos los seres humanos y no está inspirada en la búsqueda de lucros personales de ninguna clase. Sus esfuerzos y recursos están dedicados al progreso y felicidad de la especie humana, sin distinción de nacionalidad, raza, sexo ni religión, para lo cual tiende a la elevación de los espíritus y a la tranquilidad de las conciencias.
Es progresista Es progresista porque enseña y practica la solidaridad humana y la absoluta libertad de pensamiento. La Masonería tiene por objeto la búsqueda de la verdad desechando el fanatismo abordando sin prejuicios todos los nuevos aportes de la invención humana, estudia la moral universal y cultiva las ciencias y las artes y no pone obstáculo alguno en la investigación de la verdad. Los masones: La masonería libre es la orden fraternal más grande y extendida del mundo. Originalmente, las cofradías masónicas se limitaban a los «trabajadores de la piedra», pero después de completar la construcción de las catedrales en el siglo XVII —y especialmente en Inglaterra, durante la Reforma—, empezaron a admitir a hombres ricos o de cierta categoría social. Así, las cofradías se convirtieron en sociedades dedicadas a ideales generales, como la fraternidad, la igualdad y la paz. De esta manera sus reuniones se convirtieron en citas sociales en vez de reuniones de empresarios. Cuatro o más de estas cofradías, llamadas «logias» se unieron en la capital inglesa, el 24 de junio de 1717, formando una gran logia para Londres y Westminster, que seis años después sería llamada Gran Logia de Inglaterra. Ésta es la «madre» de los masones libres del mundo, y de ella surgieron todas las grandes logias reconocidas. En 1725 se fundó la Gran Logia de Toda Inglaterra, en York, la de Irlanda se creó en junio del mismo año, y la de Escocia en 1726.
Gracias a la protección que proporcionaron a dicha orden diferentes miembros de la nobleza, la clase empresarial británica vio en la masonería libre un medio de promoción social, haciéndose muy popular para este estamento. Los ideales masónicos de tolerancia religiosa e igualdad iban en consonancia con el espíritu del liberalismo emergente durante el siglo XVIII. Es más, una de las reglas básicas de las órdenes masónicas del mundo angloparlante ha sido considerar a la religión como un asunto personal de cada individuo.
En Estados Unidos, las primeras logias fundadas bajo la autoridad de la Gran Logia de Inglaterra, fueron la Primera Logia de Boston, establecida y la de Filadelfia, ambas en 1733. Antes de la guerra de la Independencia (1775), ya había unas 150 logias; en la actualidad, los estadounidenses representan el 75 por ciento del total de masones del mundo, unos 4,5 millones de personas.
En cuanto a los ritos masónicos, los más empleados actualmente corresponden al Rito de York y al Rito Escocés. El primero data del siglo XVIII y se llama, en su primera fase, «Capitular»; los miembros correspondientes a este nivel son los masones del Arco Real (4 grados); la segunda fase recibe el nombre de «Críptica», y sus miembros son los masones Reales y Selectos (3 grados); la fase final, llamada «Caballeresca», concede a los miembros el título de Caballeros Templarios (3 grados). El Rito Escocés fue creado en Charleston (Carolina del Sur), en 1801 (contempla 33 grados).
Origen de los tres primeros grados: La gran mayoría de los masones libres del mundo no progresan más allá de los primeros tres grados, basados en la leyenda de la muerte de Hiram Abif, conocido como el arquitecto del templo de Salomón.
Según una versión de esta leyenda, Abif (imagen) era el único conocedor de los secretos de los maestros masones, entre los cuales se hallaba la palabra secreta masónica, es decir, el nombre oculto de Dios. La tradición ocultista nos, dice que saber el nombre de una deidad equivale a poseer su poder. De ahí que se supusiera que Abif manejaba el poder de Yahvé y poseyera muchos otros secretos que, una vez finalizada la construcción del templo, pasarían a los otros artesanos, que se convertirían a su vez en maestros masones.
Cuentan que, llegado el mediodía, el insigne arquitecto tenía la costumbre de ir al Sancta Sanctorum para orar a Yahvé y planificar las obras del día siguiente. Uno de esos días, al terminar sus oraciones, Hiram Abif, se topó con el desagradable final de su historia de modo inesperado. Saliendo por la puerta sur del templo, le flanqueó el paso Jubela, el primero de sus verdugos, que armado con una especie de regla vertical, le conminó a que le revelara sus secretos. Abif no perdió el aplomo ante la clara amenaza de muerte a la que se enfrentaba y contestó que sólo tres personas en el mundo los conocían y sin su consentimiento no podía divulgar ningún secreto. Furioso, Jubela enarboló la la regla y asestó un golpe en la cien derecha a su maestro, que dobló la rodilla por el impacto, aunque pudo alcanzar la puerta occidental donde, desafortunadamente, no fue ayuda lo que encontró. Allí estaba Jubelo, otro de sus aprendices, que también le propinó un golpe, en este caso en la sien izquierda, haciéndolo doblar la rodilla del mismo lado. Arrastrándose y perdiendo grandes cantidades de sangre, Abif llegó a duras penas a la puerta oriental, donde fue rematado por Jubelum, que usó una gran maza de piedra para aplastarle la frente.
No les quedó otra salida a los tres asesinos que ocultar el cuerpo del arquitecto para evitar la ira del rey Salomón y escapar del país para no ser descubiertos. Escondieron provisionalmente el cuerpo de Hiram Abif bajo unos cascotes y al llegar la medianoche, lo trasladaron a la cima de una colina para enterrarlo. La sepultura fue señalizada con una rama de acacia y hecho esto, los criminales intentaron darse a la fuga. No tuvieron éxito porque no consiguieron que ningún barco los sacara del país y tuvieron que guarecerse en los montes.
Mientras tanto, la ausencia de Abif llegó a oídos del rey Salomón que envió a varias personas a buscarle. La gravedad de la situación hizo que la verdad tardara poco en aflorar gracias al testimonio de doce trabajadores del templo que confesaron al rey que ellos y otros tres más (Jubela, Jubelo y Jubelum) habían conspirado para arrancar los secretos masónicos a su maestro.
En el último momento habían dado marcha atrás, pero supusieron que los otros no, dando muerte a su jefe. Agradecido por su honestidad, el rey los envió en grupos de tres para buscar el cuerpo de Hiram Abif.
Tras varias semanas de búsqueda dieron con los restos del arquitecto e informaron a Salomón de su hallazgo. Éste les ordenó levantar el cadáver de la sepultura mediante el «apretón de manos de un aprendiz», correspondiente al primer grado de la masonería. Al fracasar en su intento, el rey les dijo que probaran el «apretón de manos de un artesano compañero», del segundo grado. Tampoco lo consiguieron, y, entonces, el mismo Salomón se presentó en el lugar donde yacía Abif para levantarlo con el «apretón de manos de un maestro masón», o tercer grado. Gracias a ello, no sólo pudo levantarse el cuerpo sino que la vida regresó a él de nuevo. La primera palabra que pronunció en su nuevo estado, fue recogida por los masones y utilizada en sustitución de la perdida con su muerte. Desde entonces ha sido trasmitida de generación en generación hasta la actualidad. Muchos historiadores y escritores masones enmarcan la historia de Hiram Abif dentro del mito, mientras que otros están convencidos de su autenticidad.
Acerca de los tres primeros grados de la masonería, los investigadores británicos Christopher Knight y Robert Lomas dicen en su libro La clave masónica: «El personaje central de la masonería libre es el constructor del templo de Salomón, Hiram Abif, que fue asesinado por tres de sus propios hombres. La muerte estilizada y resurrección del candidato es el hecho que convierte a uno en “maestro masón” y cuando está levantado de su tumba, el lucero de la mañana está en el horizonte».
La logia de los Illuminati:
Varios grupos sin conexión entre sí se han identificado con el nombre illuminati, que en latín significa «alumbrados» o «iluminados». En algunos casos, esta denominación se debía a la posesión de textos gnósticos u otra información oculta no disponible para el público. En el siglo XV, otros grupos afines reivindicaron que la iluminación venía del interior de cada persona como resultado de una conciencia alterada o de un despertar de la conciencia. Los «alumbrados» españoles pertenecían a este último tipo. Las primeras referencias históricas a los «alumbrados» en España se remonta a 1492. Éstos tenían un origen gnóstico, y su filosofía se extendió en la Península gracias a la influencia italiana. Uno de sus primeros líderes, fue una campesina nacida en Salamanca, conocida como la beata de Piedrahita, cuyas pretendidas conversaciones con la Virgen y Jesús llegaron a conocimiento de la Inquisición de 1511, aunque gracias a un protector no tuvo que enfrentarse al todopoderoso organismo. Ignacio de Loyola, fundador de la Compañía de Jesús, no fue tai afortunado. En 1527, cuando estudiaba en Salamanca, fue llevado ante un comisión eclesiástica acusado de simpatizar con los «alumbrados» consiguiendo eludir el castigo con una amonestación. Otros acusados de Toledo fueron sometidos a latigazos y encarcelamiento en 1529. En los años siguientes, y hasta principios del siglo XVII, muchos otros «alumbrados» fueron perseguidos por la Inquisición, sobre todo en Córdoba.
En su novela Ángeles y demonios, el escritor estadounidense Dan Brown plantea que Galileo era miembro de los Illuminati. Una afirmación sin otra validez que la de aportar intriga a la trama de la novela. Sí que es cierto, por otra parte, que en 1610 fue invitado a formar parte de una sociedad italiana de científicos e investigadores llamada Academia de los Linces (Academia del Lincei), fundada por Federico Cesi en 1603.
El nombre de este grupo procedía de Lynceus, el argonauta de la mitología griega dotado de una perspicaz vista. Junto con Cesi, el matemático Francesco Stelluti, el médico Johannes Eck, de los Países Bajos, y Anastasio de Fillis fueron los primeros miembros de la Academia, y vivían en comunidad en la casa del fundador, donde el anfitrión les proporcionaba libros y equipos de laboratorio. En un documento de 1605, se publicaron los objetivos de la Academia:
no sólo adquirir conocimiento de cosas y sabiduría y vivir juntos legal y píamente, sino también mostrarla a los hombres de una manera pacìfica, tanto oralmente como por escrito, sin causar daño.
Tanto el padre de Cesi como los aristócratas romanos estaban en contra de la Academia de los Linces. Acusaron a sus miembros de practicar magia negra, oponerse a la doctrina católica y llevar una vida escandalosa. Eck fue obligado a marcharse de Roma y durante algún tiempo sus miembros estuvieron esparcidos. Sin embargo, Cesi mantuvo la unión de los miembros por correspondencia.
Galileo fue el miembro más famoso y las publicaciones más prestigiosas de la Academia de los Linces fueron las suyas. En primer lugar apareció su «Tratado sobre las manchas solares» (1613) y luego, «El ensayador» (1623). Con la captación de Galileo, el número de miembros del grupo creció hasta 32. La muerte de Cesi, en 1630, precipitó el fin de la Academia.
El Priorato de Sión: Esta sociedad secreta, menos conocida, salió a la luz por el protagonismo que le concedió el mencionado Dan Brown en El código Da Vinci. En este bestséller mundial, se habla del Priorato de Sión como la sociedad que protege uno de los secretos más guardados del cristianismo no ortodoxo: la supervivencia de Jesucristo, su matrimonio con María Magdalena, sus tres hijos y su huida a Francia. El contenido místico de Brown se apoya en buena medida en el libro de investigación de Michael Baigent, Richard Leigh y Henry Lincoln, El enigma sagrado. Estos investigadores realizan una serie de afirmaciones sobre esta sociedad, empezando por decir que su historia comienza con la creación de la orden de los Caballeros Templarios, que fueron su brazo armado. El objetivo principal del Priorato era restaurar la dinastía merovingia, que gobernó el reino de los francos entre 447 y 751, en las monarquías de Europa y en el Reino de Jerusalén. Dicha orden, por lo tanto, protegía a los que consideraba los descendientes auténticos de Jesús y María Magdalena.
También especulan sobre las metas últimas del Priorato de Sión, donde la restauración monárquica adquiriría la forma de un Imperio Sagrado Europeo cuyo objetivo sería preparar el camino hacia un Nuevo Orden Mundial de paz y prosperidad. Para lo cual habría que sustituir la Iglesia católica romana por una religión estatal ecuménica y mesiánica, que contaría con el Santo Grial y las reliquias perdidas del antiguo templo de Herodes. Finalmente, se prepararía y coronaria al rey ungido del Gran Israel.
Ambos libros ofrecen una lista ininterrumpida de los grandes maestros del Priorato de Sión entre los siglos XII y XX, incluyendo a personajes como Leonardo da Vinci, Robert Fludd, Robert Boyle, Isaac Newton y Claude Debussy, entre otros nombres asociados también con otras sociedades secretas como los Rosacruces.
Conclusiones: Este recorrido a través de algunas sociedades secretas revela que las más importantes poseían unos vínculos estrechos con los primeros nueve templarios y con sus hallazgos bajo los establos del templo de Salomón. Además de encontrar la línea de sangre que unía a los reyes David y Salomón con las familias Rex Deus de Europa, hallaron unos manuscritos secretos, que probablemente fueran llevados hasta Rosslyn por Enrique St. Clair, el primer barón de Rosslyn. También, es posible que encontraran otras reliquias importantes durante sus excavaciones, incluso el Arca de la Alianza y el Santo Grial.
Los templarios se dispersaron a causa de la persecución de que fueron objeto a principios del siglo XIV. Se piensa que se llevaron sus tesoros, dejándolos en lugares secretos que sólo los iniciados sabrían cómo encontrar.